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El becerro de oro: ¿buscando otro Dios?

El becerro de oro
El becerro de oro: ¿buscando otro Dios?

El pasaje donde aparece la construcción del becerro de oro se encuentra en el capítulo 32 del libro del Éxodo en el Antiguo Testamento. El relato de este episodio es un tanto confuso por el hecho de que se encuentran en él una mezcla de diversas fuentes. Con excepción del  final del capítulo 34, los textos son en general antiguos, es decir, de la primera mitad de la época monárquica. Son alternativamente, yahvista y elohísta,  percibiéndose con bastante frecuencia la mano de un redactor ulterior[1].

 

 

 

Ex 32, 1-6[2] (Fragmento básico del hecho)

1  cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, se reunió el pueblo en torno a Aarón y le dijeron: “Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, ya que no sabemos que ha sido de Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto.”

2  Aarón les respondió: “Quitad los pendientes de oro de las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y  vuestras hijas, y traédmelos.”

3  Y todo el pueblo se quitó los pendientes de oro que llevaba en las orejas, y los entregó a Aarón.

4  Los tomó él de sus manos, hizo un molde y fundió un becerro. Entonces ellos exclamaron: “Este es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto.”

5 Viendo esto Aarón, erigió un altar ante el becerro y anunció: “Mañana habrá fiesta en honor de Yahveh.”

6 Al día siguiente se levantaron de madrugada y ofrecieron holocaustos y presentaron sacrificios de comunión. Luego se sentó el pueblo a comer y beber, y después se levantaron para solazarse.

 

 

Aunque todo el hecho aparente ser un intento de hacerse otro Dios, en realidad no lo fue. Se trató más bien de construir la sede o símbolo de la presencia de Yahveh en medio del pueblo.

Por algunos momentos el lenguaje que se utiliza es politeísta: Moisés permanece una prolongada estancia, simbolizada por el número de “cuarenta días”, en la montaña recibiendo las tablas de Dios. Durante estos días en que Moisés permanece sólo y separado de su pueblo, éste se reúne para pedir a Aarón: “Haznos un  dios que vaya delante de nosotros” (v. 1). “Su demanda es símbolo de de la aspiración, humana y natural a hacerse una imagen de la divinidad con la que uno está ligado, y a la que el individuo quiere ver con sus propios ojos”[3]. Pero luego se habla de una “fiesta en honor a Yahveh” (v. 5). Quizás el sentido primitivo del relato es un culto rendido a Yahveh de manera ilegítima. Más tarde, la indignación de los redactores, habría agravado la falta, presentándola como un culto a falsos dioses.

La intervención de Moisés presenta una serie de duplicados: Moisés es avisado sucesivamente por Yahveh (v. 8 ) y por Josué (v. 17), intercede dos veces ante el Señor (11-13 y 31-32) y ejecuta dos castigos diferentes (19-20 y 25-28), separados por un interrogatorio de Aarón, el cual es bastante ambiguo. La descripción del pecado de Israel, que estaba en el comienzo de la sección, se encuentra aquí en un lugar central.

También hay dos relatos del castigo muy diferentes, el primero mediante la ruptura de las dos tablas (ruptura de la Alianza), el segundo por medio de un castigo cruel: la purificación del pueblo a través de la muerte de algunos miembros. Finalmente dos relatos de intercesión[4].

La historia del becerro de oro pondrá en peligro todo el camino de la Alianza que Dios mismo había comenzado al liberar a su pueblo.

“Los israelitas exigen una presencia, pero también  (y, por cierto, primordialmente) un guía”[5]. Al estar Moisés ausente no habrá nadie capaz de oír o ver las señales de Dios. El pueblo se inquieta porque no quiere fiarse de indicios accidentales. Tienen la necesidad de mantener su fe con alguna garantía o intermediario sensible (no tienen confianza ciega). Si hacen una imagen de Yahveh, lo tendrán siempre delante de ellos y sentirán seguridad.

El problema reside principalmente en: ver o creer, exigir la evidencia o contentarse con la certeza, asegurarse o arriesgarse, tomar apoyo en la naturaleza o dejarse guiar por la historia; en fin, “hacerse” y “tener” un Dios para uso particular con el cual hacer lo que uno quiera aparentando seguirle, u ofrecerse en la fe poniéndose a disposición de Él. Aarón se pone del lado del pueblo y accede a su petición ayudado por ellos mismos.

No habría en esto apostasía, ya que lo que ellos dicen es que la imagen representa a Yahveh. La infidelidad consistiría en la desobediencia a la prohibición de hacer imágenes talladas de Dios. Sin embargo, hay mucha ambigüedad en estos versículos, (a veces la afirmación no parece rigurosamente monoteísta). El llamamiento que hace Moisés en el v. 26, supone que no todos estaban de parte de Yahveh. (Es muy probable que no todos fueran del mismo parecer, pero al predominar la influencia de los cabecillas, los prudentes tuvieron que callarse)[6].

Principalmente se trata de una infidelidad dentro de la única fe en Yahveh, que hacía tender  al pueblo hacia la idolatría. “La idolatría tiene en el A.T. dos sentidos diferentes: uno que se puede dar en el culto al Dios verdadero, y otro que se refiere al culto a los demás dioses”[7]. El primer caso sería justamente el de los ídolos yahvistas, y entre estos se encuentra el caso del becerro de oro. Éste no es presentado como otro Dios. Tampoco se trata únicamente de querer materializar a Dios, el problema está en que los israelitas quieren también liberarse del papel que desempeñaba Moisés. En este rechazo a Moisés, en el fondo, el pueblo está rechazando el proyecto de Dios para liberarlos. Al desconfiar de Moisés (ya que esta desaparecido), están negando la posibilidad de llevar a cabo el plan de Dios. Quieren un Dios que consuela en la esclavitud y no un Dios que libera realmente, ya que esto requiere una respuesta y un compromiso de parte de ellos. En el fondo es un pecado en contra del poder de Dios. Es un pecado de idolatría negar que Dios pueda realizar la liberación que promete, dudarlo es negar su proyecto y, por ende, negarlo a Él.

Dios es trascendente, actúa más allá de toda posibilidad humana, es siempre el Dios de la esperanza contra toda esperanza. El becerro de oro es en cambio, el pecado de la desesperación, de la desconfianza. Es símbolo  del dios manipulado, hecho a la medida de los hombres sin esperanza.

La estatuilla es destruida por el fuego, y lo que queda de ella es arrojado a un torrente, al que concurrirán los hebreos por agua, de suerte que se beberán su propio pecado y condenación.

En el fondo, el “gran pecado” es en conjunto, la fabricación del becerro de oro,  la generalización de la idolatría entre los hebreos, y la división que los ha alzado a unos contra otros.

En el pecado contra la trascendencia de Dios, están negando su fe en el Dios liberador. Transformando al Dios trascendente en un Dios cautivo, legitimador de situaciones que el hombre sin esperanza declara imposibles de cambiar.

El pueblo desconfía e intenta manejar a Dios, intenta poseerlo, porque están inseguros de su presencia en la ausencia de Moisés. Rechazar la posibilidad de que el proyecto de Dios se realice, en un acto idólatra[8].

Lo que está en discusión es la concepción que se tiene de Dios. ¿Se hacen un Dios a su idea, para hacer con Él lo que quieran? ¿O se le reconoce como el totalmente otro, inaferrable, que se revela sólo según su beneplácito? Pero Yahveh sigue siendo aquél a quien no es posible manejar.

A Dios no se le puede encerrar en una imagen, ni siquiera en una idea. Todo lo que podamos decir o pensar sobre Él, no es más que un mero balbuceo. Dios se niega a ser encerrado en una imagen, ya sea física o intelectual. Sólo podemos acercarnos a Él a través de su propia Palabra y ésta se expresa en el mismo Jesucristo.

La prohibición de imágenes está dirigida a acabar con la tentación continua de querer manipular a Dios, intentar manejar a Dios y formarlo al gusto propio del pueblo.

El pecado está en su falta de fe en el ser y el poder de Dios[9]. Este Dios que para liberarlos, los hace responsables de esta libertad y no los lleva por un camino fácil y pasivo, sino que exige su cooperación.

El becerro de oro es un rechazo a la voluntad de Dios, en cambio Moisés apela justamente  a la voluntad salvífica de Dios en la historia, en su oración ante Yahveh (Ex 32, 11-14)[10].

 

 

 

Bibliografía:

 

  • AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”, Estudio sobre el libro del Éxodo, Fax, Madrid, 1966 p 345-357;
  • BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 105-106.
  • CARAVÍAS, José Luis, SJ., “Idolatría y Biblia”, Guadalupe-Verbo Divino, Buenos Aires- Estella, 1991 p 23-24.
  • WIÉNER, Claude, “El libro del Éxodo”, CB 54, Verbo Divino, Estella, 1988,   p 43-45.

 

 

 

 


[1]Cfr. AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”, Estudio sobre el libro del Éxodo, Fax, Madrid, 1966, p 346. Siguiendo la hipótesis documentaria que indica que el Pentateuco (al que pertenecen los libros de Génesis, Éxodo, levítico, Números y Deuteronomio) de diferentes tradiciones, entre ellas, la Yahvista y la Elohísta. Llamadas así estas últimas por el nombre que emplean para referirse a Dios: ya sea Yahveh, la primera, o Elohím, la segunda. Cfr., SICRE, José Luis, Introducción al Antiguo Testamento, Editorial Verbo Divino, España, 1992, pp. 85-89.

[2] Tomado de la BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p105.

[3]AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”, Estudio sobre el libro del Éxodo, Fax, Madrid, 1966 p347.

[4] Cfr. WIÉNER, Claude, “El libro del Éxodo”, CB 54, Verbo Divino, Estella, 1988,   p 44.

[5] AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”…  p348.

[6] Cfr. Ibíd., p 348-351.

[7] CARAVÍAS, José Luis, SJ., “Idolatría y Biblia”, Guadalupe-Verbo Divino, Buenos Aires- Estella, 1991, p 23.

[8] Cfr. Ibíd., p 24-25.

[9] Cfr. Ibíd., p 25.

[10] Cfr. AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”, Estudio sobre el libro del Éxodo, Fax, Madrid, 1966, p351-352.