Archivo de la etiqueta: San Pablo

La verdadera sabiduría (1Cor 2,6-16)

San Pablo escribiendo la carta a los corintios
San Pablo escribiendo la carta a los corintios


Luego del fracaso en Atenas (Hch 17, 16-34), comenta Pablo en 1Co 2,3 que llegó a Corinto “débil y con mucho temor y temblor”. Como en la mayoría de los casos, comenzó su predicación en la sinagoga (Hch 18, 4), pero a causa de la oposición de los judíos y la acusación frente a Galión, (Hch 18, 12-17), debió orientar sus palabras a los gentiles.[1] Luego, durante su estancia en Éfeso (Hch 19, 1-40), le llegan noticias por “los de Cloe” (1Co 1, 11)[2] de divisiones existentes en la comunidad, irregularidades morales y en las asambleas, entre otras cosas, por lo que inmediatamente les escribe además de enviar a Timoteo. Decide enviarles un escrito de mayor amplitud, ya que con anterioridad parece haberles escrito otra carta sobre ser precavidos en relación al trato con los impuros de la comunidad (1Co 5,9.10).

1ra Corintios es probablemente una de las cartas más leídas de Pablo, por los problemas tan concretos que toca en la comunidad de Corinto, que curiosamente, se parecen en mucho a los de ciertas comunidades actuales.

Cuando se comparan las dificultades de las comunidades paulinas con las de las iglesias de hoy, descubrimos la increíble actualidad de las  cartas paulinas, especialmente de 1ra Corintios. En ella podemos ver el modo como resolvían esas dificultades los primeros cristianos. Por eso esta carta, mas que un desarrollo teológico, presenta un diálogo entre una iglesia que procura ir viviendo según el Evangelio y los consejos del Apóstol desde la distancia.

San Pablo es uno de los primeros cristianos en una situación similar a la nuestra: sin conocer a Jesús en su vida terrena, ansía que el transcurso de su existencia corra en intimidad con el resucitado[3].

Las cartas a los cristianos de Corinto son muy importantes, porque nos proporcionan una buena imagen de una comunidad cristiana formada por gentiles convertidos en una gran urbe.[4] Abarcan la vida práctica de la comunidad, y brindan una exposición muy clara del debido comportamiento de una comunidad cristiana en una gran metrópoli, cuyos problemas se continúan repitiendo a lo largo de la historia hasta la actualidad, aunque quizás de distinta forma.

Diferenciándose de la carta a los romanos, las cartas a los corintios no nos ofrecen una exposición sintética de la doctrina cristiana, sino más bien, sobre las preocupaciones y problemas concretos de la comunidad cristiana de los primeros tiempos. Poseen una gran importancia por la maravillosa unidad que presentan entre doctrina y vida. Manifiesta claramente cómo, la visión cristiana, puede y debe impregnar hasta el aspecto más insignificante de la vida cotidiana.

“El apóstol se dirige a unos hombres concretos, queriendo informar su vida concreta con la fuerza vivificante de la fe y de los sacramentos.”[5]

En la antigüedad, existía una diferencia entre lo que era una carta y una epístola. La primera sería el caso de darse una situación concreta, por ejemplo: Gálatas. La segunda sería el caso de Romanos, por ejemplo, son escritos tratando algún tema teórico sin tanta relación con algún tema particular.

En general, las de Pablo son cartas, no epístolas, sin embargo el apóstol aprovecha la ocasión para ir “pastoreando”. Algunos autores dicen que no son, ni puramente carta, ni puramente epístola.

 

La primera carta a los cristianos de Corinto, es dividida por la mayoría de los autores en cinco partes principales que no guardan entre sí mucha conexión:

–          en la primera parte, una breve introducción (1, 1-9);  luego contra las divisiones existentes en la comunidad (1, 10-4, 21), argumenta aquí contra la estima exagerada en que se tenía a la sabiduría terrena, contraponiéndola a la verdadera sabiduría que proviene del Espíritu, necedad a los ojos de los que no creen. Pone de relieve la armonía que reina entre él y Apolo, contraponiendo el cristianismo “corinto” del verdadero apostólico;

–          en la segunda parte, diserta sobre problemas concretos que se dan en la comunidad, incesto (5, 1-13), litigios en tribunales paganos (6, 1-11), vida sexual (6, 12-20);

–          en la tercera parte (7, 1-11, 1), trata de ciertos problemas que los mismos corintios le habían consultado;

–          la cuarta parte (11, 2-14, 40) es sobre directrices que deberán regir las asambleas comunitarias,

–          y la última parte, sobre la resurrección de los muertos (15). Finalmente, en el c. 16, la conclusión epistolar con exhortaciones y saludos.[6]

 

Como puede apreciarse a grandes rasgos,  la carta contiene una parte dogmática (a pesar de no ser un tratado teórico específicamente), y una parte parentética, exhortativa. Dentro de la primera se ubicaría el texto de 1Co 2, 6-16, como lo que se denomina segunda tesis de Pablo sobre la verdadera sabiduría.

 

 

1Co 2, 6-16[7]

6 Sin embargo, hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero no de sabiduría de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la ruina;

7 sino que hablamos de la sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por  Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra,

8 desconocida de todos los príncipes de este mundo –pues de haberla conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria-.

9 Más bien, como dice la Escritura, anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman.

10 Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios.

11 En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce el Espíritu de Dios sino el Espíritu de Dios.

12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado,

13 De las cuales también hablamos, no con palabras de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales en términos espirituales.

14 El hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede conocer pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas.

15 En cambio, el hombre de espíritu lo juzga todo: y a él nadie puede juzgarle.

16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.

 

 

Análisis

Las cartas a los corintios poseen gran importancia sobre todo por los ejemplos que aportan de una penetración cristiana en la vida práctica. Pero no debe desmerecerse el gran aporte que recibe también la doctrina de la fe. En este texto, se destaca el siguiente: manifiesta la majestad divina que encierra la verdad cristiana, más allá de cualquier sabiduría humana; lo que judíos y gentiles ven como debilidad, Pablo lo muestra como la auténtica fuerza[8].

Pablo se niega a utilizar los razonamientos de los sabios (2, 2), resaltando que quien únicamente actúa es Cristo, y él es lo único que debe predicar. Sin embargo esto no significa que él sea incapaz de manejar otro lenguaje más elocuente, sino que los cristianos de Corinto no están preparados para éste.

1Co 2, 6-16, se sitúa en la Sagrada Escritura bajo el título de: “Sabiduría del mundo y Sabiduría cristiana”. En este marco viene Pablo hablando de la originalidad del mensaje cristiano. A los ojos de Pablo, hasta la venida de Cristo, todos los hombres han tenido la oportunidad de conocer a Dios por la inteligencia, a través de la creación. Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador, «Dios de los dioses» y «Señor de los señores» ( Sal 135, 2-3).

Y sin embargo no supieron aprovecharla, lo que también se expresa ampliamente en los primeros capítulos de la carta a los romanos (Rom 1,20). Por deslumbrarse con la sabiduría humana, los griegos, y exigir la manifestación del poder divino, los judíos, y ambos, confundir al Creador con la criatura, Dios responde con la cruz como camino de salvación instituido en Jesucristo. “…no ya un camino de poder (los milagros), sino un camino de debilidad; no ya una camino de sabiduría, sino un camino de locura.”[9] Por la locura y la debilidad, finalmente se ha llegado a la verdadera sabiduría y al verdadero poder. “Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina más fuerte que la fuerza de los hombres” (1Co 1, 25).

En los v.6 al 16, Pablo enseña a los corintios a partir de sus descubrimientos personales, expresado en el “nosotros” que caracteriza todo el pasaje. Invita a los corintios a compartir con él las enseñanzas apostólicas[10].

 

v.6 El mensaje del apóstol es una necedad a los ojos de este mundo, pues la sabiduría que él predica no es de este mundo. Al referirse a “los perfectos”, no trata de aludir a un grupo esotérico de iniciados, los cuales solían denominarse así dentro de la filosofía mística o teología de los misterios; sino a los que han alcanzado el pleno desarrollo de la vida y el pensamiento cristianos (14, 20).En este mismo sentido hace mención a los perfectos en Flp 3, 15. Esta expresión se encuentra en concordancia con el mandato de Jesús de ser perfecto al joven rico, aconsejándole vender todas sus posesiones y darles a los pobres, para luego seguirlo y tener un tesoro en los cielos. Esto significa la plena coherencia de vida con la aceptación del Reino de Dios[11]. “Los perfectos” se identifican con los espirituales a los que Pablo contrapone “los niños en Cristo” (3, 1). Serían aquellos “…que confiesan por el testimonio de la virtud, que la cruz de Cristo es sabiduría […] ‘sabiduría no de este mundo’, sino del venidero, en el que la verdad de Dios se hará patente a los que lo niegan.”[12]

Cuando habla de “príncipes de este mundo” alude a las autoridades humanas, o a las potencias del mal o demonios, o incluso a ambos, ya que los primeros se hallan dominados por los segundos. Al introducir en el mundo el pecado y al muerte como su consecuencia, el diablo ha hecho al hombre cautivo de su tiranía, pero este dominio es el que Jesús ha venido a suprimir (Lc 4, 6; Jn 12, 31).

La “sabiduría de este mundo”, produce en los oyentes adhesión puramente humana. Pablo rechaza ésta y pretende que su palabra sólo manifieste la acción del Espíritu, la cual exige una adhesión del espíritu.[13]

En cuanto a los príncipes de este mundo, A. Feuillet encuentra una referencia en el Antiguo Testamento, en dos series de textos: Is 29, 14; 33, 18; 19, 11-12 y en el libro de Baruc (Bar 3, 9; 4, 4). Estos príncipes no conocen la sabiduría, la única que poseen es la sabiduría terrena. Pablo cita algunos de estos textos de Baruc, para combatir la sabiduría meramente humana que tentaba a los corintios. Lo importante es que éstos serán aniquilados (“abocados a la ruina”,  2, 6), anunciando ya lo que dirá en 1Cor 15, 24.

 

v.7 La sabiduría que predica Pablo es misteriosa porque deriva de Dios, pero no lo es en un sentido enigmático, sino que su objeto es el misterio, el secreto del designio de salvación realizado en Cristo. Misterio se relaciona con lo secreto, aquello que Dios nos ha contado especialmente por su misericordia. Es oculto en el sentido de que es íntimo, interior a nosotros mismos. No se sabe de dónde viene y es como decir algo, pero no todo, es un gesto que expresa, pero a la vez oculta. “La sabiduría de Dios está escondida, porque no está en las palabras, sino en la fuerza; no está al alcance de la razón humana, sino que ha de ser creída por la fuerza del Espíritu…”[14]

Dios confía y crea en nosotros esa capacidad de confianza, para ser destinatarios de su misterio. Este misterio se revela tanto en la doctrina como en la práctica de la vida cristiana. Pablo toma esta palabra de la apocalíptica judía (Dn 2, 18-19), es la idea de un misterio lleno de sabiduría, oculto en Dios durante siglos y ahora revelado en Cristo[15]. Para Pablo, Cristo ocupa el lugar de la Sabiduría personificada ya en el Antiguo Testamento. Toma un texto de Baruc, y hace una pequeña transposición para hablar de Cristo en los mismos términos[16]. Desde toda la eternidad esta sabiduría está predestinada para los cristianos, es la sabiduría del crucificado[17].

San Pablo llama ‘sabiduría’ a todo el discurso sobre la cruz que es la misma economía de salvación.[18]

 

v.8 Las potestades de este mundo ignoraban el plan salvífico de Dios, por eso indujeron a los hombres a crucificar a Jesús, ellas no han penetrado el alcance de la cruz, no sabían que al crucificar a Jesús acarreaban su propia aniquilación. Pero si Cristo no hubiese muerto, no hubiese muerto la muerte. Así Cristo venció al diablo en su propio dominio.[19] El Señor de la Gloria significa, el mismo esplendor del poder de Yahvé, atributo incomunicable. “Pablo, calificando a Jesús de “Señor de la Gloria”, implícitamente le pone en el mismo rango que a Yahvé.”[20]. “La gloria revela, manifiesta, desenmascara, expone la acción de los jefes de este siglo y la hace aparecer en oposición con la voluntad de Dios. La gloria crea un vínculo de comunión mostrando y realizando la presencia de Cristo, subrayando que el hombre crucificado es el Dios de la gloria, cuya victoria aparece plenamente en la resurrección.”[21]

Ya en Bar 3, 14, aparece el consejo sobre la sabiduría y el regirse según la prudencia para no perecer, a la vez que recalca que ningún esfuerzo humano puede alcanzar la sabiduría, pero Dios la posee y se la ha dado a Israel en la ley[22].

 

v.9 En este versículo el apóstol hace mención de la Escritura pero no se encuentra del todo claro a qué pasaje se refiere, ya que no se puede localizar exactamente en el A.T. Justamente aquí la sabiduría de Dios se encuentra relacionada en definitiva a la gloria, es decir, la cruz de Cristo es en realidad la consumación del designio salvífico de Dios. Algunos argumentan que el apóstol cita aquí un libro no canónico, que podría ser el Apocalipsis de Elías, o bien, alguna combinación de Is 64, 3 y Jer 3, 16. No es del todo improbable que Pablo utilice libremente la cita de Isaías, realizando una aplicación un tanto laxa, ya que esto no contradice el proceder del apóstol en otros lugares[23]. También parece relacionarse a un texto de Si 1, 10 donde habla de un beneficio de Dios para los que le aman, bajo el título de “Origen de la sabiduría”. Se encuentra un pensamiento análogo en Prov 30, 1-4 y Job 28.  En este último se habla de una sabiduría inaccesible al hombre, rigurosamente trascendente, que encarna el misterio de los caminos de Dios, que se confunde con el atributo divino, y a la vez, es personificada.[24]

Según H. Windisch, para Pablo, Cristo es el portador, revelador y mediador de la sabiduría divina. Cuando comprendió que Jesús era el Mesías, no tardó en reconocer en Cristo a la sabiduría de Dios, teniendo en cuenta de este modo la tradición y renovándola al mismo tiempo.[25]

“Lo que Dios preparó para los que le aman”, es lo que nadie ha visto, nadie ha oído, y ningún corazón humano ha concebido. Estas realidades futuras no poseen semejanza con nada de este mundo. La encarnación del Hijo de Dios es algo impensable para la inteligencia humana, mucho más aún, la redención por la crucifixión. Es lo que Dios nos revela por la gratuidad de su gracia, lo que nos mantiene en la Alianza que Él ha establecido con los creyentes, que son los que le aman. La crucifixión va a ser el punto central de este misterio. Dios nos ha revelado en su Hijo la verdad de la humanidad. Resucitando a Cristo, Dios manifiesta su presencia activa y salvadora, que conduce a su pueblo hacia su objetivo.[26]

 

v. 10 Pablo opone la fuerza del Espíritu al poder persuasivo de la oratoria, con la certidumbre de que la predicación humana apostólica recibe toda su fuerza del Espíritu. Con este don del Espíritu de Dios, los cristianos son elevados por encima de cualquier conocimiento humano, y son hechos partícipes de los designios salvíficos de Dios. Esta sabiduría es superior, porque proviene de Dios, no es resultado de ninguna iniciativa humana, es puro don del Espíritu. Aquí Pablo se dirige a los cristianos “adultos”.

Aquellos a los que se les ha dado el Espíritu de Dios, pueden indagar las profundidades de la divinidad, volviéndose, por la gracia, capaces de reconocer el misterio al que se refieren las profecías.[27]

Este pasaje se encuentra relacionado con 2Cor 13, 13, donde se menciona la comunión dentro de la Santísima trinidad dada por el mismo Espíritu Santo, el cual hace participar también a los cristianos de esa comunión. Recuerda también el pasaje de Jn 14, 26, cuando Jesús anuncia que luego de su partida vendrá el Paráclito, enviado por el Padre, para recordar su palabra y hacer presente al mismo Cristo. Es el espíritu de verdad que trae la verdadera sabiduría, y hará comprender todo lo que no había sido comprendido.

La “ciencia” sobre Dios va más allá de nuestra búsqueda, sólo Dios puede revelar a Dios, porque sus misterios no pueden ser alcanzados sin su Espíritu.

 

v. 11 Sólo el Espíritu de Dios conoce por completo sus planes secretos, ninguna inteligencia humana puede penetrar en ellos, lo mismo que nadie puede violentar la entrada al santuario que es el alma racional del hombre, que es la única que puede conocer sus pensamientos secretos. Este versículo posee un vinculo cercano con Prov 20, 27: “la lámpara de Yahvé es el hálito del hombre que explora hasta el fondo de su ser”, sólo Dios, aparte de la propia conciencia, puede penetrar en los pensamientos del hombre. Ese hálito es el principio de vida que Dios insufla al hombre en Gn 2, 7 luego de formar su cuerpo[28].

 

v.12 El espíritu de este mundo es profano y enemigo de Dios, por lo que los cristianos nada tienen que ver con él. Por el contrario, han recibido el Espíritu de Dios, por pura gracia de Dios, que conoce los misterios divinos porque procede de Dios. Es la fuerza de este Espíritu, la que los hace participar de las revelaciones beatificantes de la gracia de Dios.[29] Aquí se puede relacionar este pasaje con el himno a la sabiduría misericordiosa de Rom 11, 33+, estas revelaciones beatificantes de la gracia son “…abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios!”, de Él y para Él son todas las cosas porque sólo a Él pertenece la sabiduría misericordiosa; sus designios son insondables, como lo expresa el Sal 139, 6,17, ciencia misteriosa que jamás podremos alcanzar por completo en esta vida terrena. “Los que aman a Dios, son conocidos de Dios y conocen los dones de su gracia”[30].

 

v. 13 La sabiduría humana de nada sirve para expresar algo que la excede y la trasciende inmensamente. Para hablar de la sabiduría divina, es necesario el Espíritu de Dios, para ser congruentes con la predicación. La última frase: “expresando realidades espirituales en términos espirituales” quiere decir ser coherente con lo que se predica, es decir, al hablar de Dios no se debe pretender hacerlo con la sabiduría de este mundo, que es insuficiente e inadecuada. Sólo el Espíritu de Dios puede habilitarnos para hablar de Él. Por “espiritual” Pablo se refiere al hombre que ha recibido la sabiduría superior. El apóstol debe predicar con discernimiento espiritual, poniendo de relieve la verdadera fe. Lo que quiere recalcar es que éste es independiente de los juicios de este mundo. Si su predicación obtiene algún fruto, es únicamente por la fuerza del Espíritu que actúa en él.

 

v. 14 Sólo aceptando lo que viene del Espíritu el hombre puede alcanzar la verdadera sabiduría. En el marco de este pasaje, “El alma no es un elemento del ser humano sino ese ser en la situación ordinaria de alma viviente, que es la que tiene en la creación (Gn 2, 7; 1Cor 15, 45)”[31]. “Dios nos dio una mente para que nosotros pudiéramos aprender y recibir su ayuda, no para que se vuelva autosuficiente. […] si mi alma escoge ver sin el Espíritu, se vuelve un peligro para sí misma”[32]. Pablo llama natural al hombre que se rige sólo por sus propios razonamientos. El hombre abandonado sólo a la propia naturaleza, no podrá jamás captar la verdad de Dios, solo con el Espíritu puede conocerlas y juzgarlas. La fe, como don de la gracia misericordiosa de Dios, supone una afinidad espiritual con la verdad y nos permite ser de sus ovejas y participar de sus planes (Jn 10, 26). Si el hombre no se encuentra habitado por el Espíritu de Dios, las cosas divinas son necedad para él.

 

V. 15 Dios es inasequible al hombre si éste no es habitado por la gracia del Espíritu, por eso el hombre “espiritual” es superior, porque está capacitado por el don de Dios, puede juzgar esencial y válidamente todas las cosas de este mundo, e incluso conocer a Dios, aunque por pura gracia divina. Los hombres “psíquicos”, que no poseen el Espíritu de Dios pasan por alto la realidad sobrenatural, por eso Dios es inasequible para ellos[33]. Por eso cuando Pablo dice “nadie” se refiere al “que no sea espiritual”, lo que serían los corintios: “carnales”[34] (3, 1-3). Aunque en el cap. 14, va a establecer ciertas reglas a las que los espirituales deberán acomodarse.

Para Pablo la psyjé es el principio vital que anima el cuerpo, pero no es más que un principio natural que ha de desaparecer ante el pneuma para que el hombre encuentre de nuevo la vida divina, que alcanzará su plenitud después de la muerte. De natural o psiquico, el cuerpo se hace entonces pneumático, inmortal.[35]

 

v.16 La búsqueda del conocimiento humano se estrella contra el totalmente inaccesible. Aquí Pablo cita, aunque libremente, a Is 40, 13: “¿Quién abarcó el Espíritu de Yahveh, y como consejero suyo le enseñó?”, Al igual que en  Rom 11, 34: “¿Quién conoció el pensamiento del Señor? O ¿Quién fue su consejero?”, nadie puede conocer la mente del Señor, como lo dijo Isaías, pero Pablo agrega sin embargo que los cristianos poseen “la mente” de Dios, que no es otra que la de Cristo. Libremente, Pablo intercambia el concepto de espíritu del texto veterotestamentario por el de mente. También en 1Cor 7, 40, manifiesta que por la fe en Cristo, el cristiano tiene el Espíritu de Dios. A pesar de todo, “los ‘espirituales’ no pueden de ningún modo formar un grupo aparte ni reivindicar una sabiduría superior a la del Apóstol.”[36]

 

 

Aplicación

Es increíble la actualidad de las palabras de Pablo, a pesar de que fueron escritas a mediados del siglo I d.C.

Toda la primera carta a los corintios posee gran valor para los cristianos del tiempo actual, ya que abarca temas y problemas que hasta el día de hoy se presentan en las comunidades cristianas. Al ser informado por algunos fieles de la existencia de divisiones dentro de la comunidad, reacciona contra ello y da su opinión, lo mismo que sobre otros problemas o malentendidos que se le presentan. Va tocando variados temas que parecen no tener mucha conexión entre ellos, sin embargo son de gran interés porque tratan sobre aspectos muy concretos de la vida de la iglesia, a pesar de que el conjunto del texto carezca de un hilo conductor.

Los cristianos de Corinto, al igual que los actuales cristianos que habitan en grandes ciudades (como lo era Corinto en aquella época), se hallaban constantemente tentados por el anhelo de adquirir una sabiduría que pretendiera abarcar toda la realidad, inclusive a Dios. Es la permanente tentación del hombre de poseer la omnipotencia del saber, tratando de apoderarse de aquello que conoce. Pero la verdadera sabiduría, la que proviene de Dios, que Él nos da por el don de su gracia, es misteriosa, escondida (2, 7). Las profundidades de Dios no pueden sondearse sin la ayuda del Espíritu de Dios. Sobre todo a partir de la modernidad, ha obsesionado al hombre la idea  de conocer toda la realidad por las solas fuerzas de la razón humana, independizándose de la revelación por la que Dios nos llama a participar de su propia sabiduría; ignorando también que todo conocimiento humano no es más que una participación de la sabiduría divina, presente en toda la creación. Peor que esto es la tentación de pensar que es imposible conocer la verdad y renunciar a su búsqueda, otra negativa tentación de la actualidad.

Pablo nos enseña que la única verdadera sabiduría es la de Cristo, y éste crucificado. El mensaje de la cruz, con su aspecto de debilidad, sin embargo realiza la salvación de una manera que parece loca ante los ojos de los hombres que creen conocer, pero sólo lo hacen con un conocimiento puramente humano, y por tanto escaso y que camina hacia su fin.

El hombre naturalmente, es decir por las solas fuerzas de su inteligencia terrena, no puede alcanzar el pleno conocimiento de Dios, a pesar de que podría haberse alcanzado  cierto conocimiento de Dios por la contemplación del mundo (Rom 1, 19-20), del que Sab 13, 1-9 menciona como un reflejo de la sabiduría divina. Por eso ahora necesitamos el don del Espíritu de Dios porque sólo por Él podemos conocer lo íntimo de Dios (Sab 9, 13).

Este pasaje de 1Cor, es fundamental, sobre todo para aquellos dedicados a la reflexión teológica, ya que no es nada difícil caer en la tentación de pretender comprender y poseer a Dios sólo con la propia inteligencia. Además siempre se corre el riesgo de gloriarnos de poseer esa sabiduría divina que sólo nos ha sido dada por el don del Espíritu.

Dios confía y deposita su palabra en nosotros, por tanto la sabiduría nos viene de Él, y es por esto que no podemos hacer alarde de ella. En el momento en que el hombre se gloría de poseer ese secreto, pierde la confianza depositada en él.

Los cristianos, por el hecho de saber que han sido llamados a una vocación especial, y para ello han recibido el Espíritu de Dios, jamás deberán considerarse un grupo selecto o superior, tentación muy presente en la actualidad, que intenta constantemente ése “separarse”, y colocarse en un puesto privilegiado de “elegidos”, (lo que se ve claramente en el caso de la innumerable cantidad de sectas que proliferan en la actualidad).

“El discurso de la cruz se dirige a todos sin distinción (Cfr. 1Cor 9, 22); nadie, ni en  la tierra ni en el cielo (1Cor 2, 8-9), puede descubrir la acción de Dios más que en dónde Él la ha revelado: en Cristo crucificado.”[37]

Los creyentes, deberán tener siempre presente, que toda sabiduría y todo                                                             privilegio, les ha sido otorgado únicamente por la gracia misericordiosa de Dios.[38]

 

 

Conclusión

 

La experiencia de Pablo que descubrimos a través de sus cartas, especialmente en este caso, en 1Cor, interpela a todos los cristianos de hoy a vivir como responsables en sus comunidades, desarrollando una fe inventiva, inteligente, pero por sobre todo, fraternal.

Con su actitud de misericordia Dios no sólo manifiesta su propio ser, sino que nos enseña como debemos comportarnos, con Él, y  como comunidad.

La destrucción que causa la soberbia (generada por la idea de la posesión de una sabiduría que en realidad no es más que humana), es tan grande, que no sólo nos hace olvidarnos pronto de Dios, sino que además distorsiona nuestra relación con el cosmos y nuestros hermanos.

Dios es tan grande que no sólo quiere salvarnos, sino que además nos hace participar, a través de esta salvación, de su propia sabiduría, que no es otra que la de la primacía de la caridad. Es importante destacar que esta extraordinaria misericordia de Dios conlleva una exigencia de responder en el amor, mediante la consagración plena al Padre en nuestra vida cotidiana.

Las cartas a los cristianos de Corinto, ofrecen un enorme aporte sobre la penetración cristiana de la vida cotidiana, pero otorgan también un gran caudal a los conocimientos fundamentales de la doctrina de la fe, como por ejemplo: la majestad divina de la verdad cristiana. La sabiduría humana es vana al lado de la verdadera sabiduría del Espíritu que regala a los hombres a través de la gracia.

El hacerse cristiano implica adquirir una visión nueva sobre toda la realidad, lo que significa ver las cosas como realmente son, y esto es lo que Pablo pretende hacerles entender a los corintios. La vida cotidiana del cristiano tiene particular importancia delante de Dios, por eso han de vivir según Cristo cada día. En esto consiste la sabiduría cristiana, en saber gobernar cristianamente la existencia cotidiana, y Pablo lo explica por una serie de ejemplos concretos. Quiere que la comunidad ordene su vida en el espíritu cristiano.[39]

“Pablo configura la vida sencilla en el espíritu del Evangelio. No hay acontecimiento alguno tan insignificante que, con una visión cristiana, no pueda alcanzar una importancia totalmente nueva e inesperada; no hay ninguna oscuridad que la luz de Cristo no pueda penetrar e iluminar.”[40]

La sabiduría de Dios es tan inconmensurable que a su lado toda sabiduría humana parece necedad.

Debemos seguir por esto la humildad del apóstol y decir junto con él lo que en 1Cor 2, 9.12:

“anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman”, “nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado”.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

  • BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclee de Brouwer, Bilbao, 1976.
  • CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios. CB 66. Verbo Divino. Estella 1997.
  • COTHENET, Édouard. San Pablo en su tiempo. CB 26. Verbo Divino. Estella 1997.
  • KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas. Barcelona. Herder. 1976.
  • MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento 7.1-2 Corintios. Madrid. Ciudad Nueva. 2001.
  • QUESNEL, Michel. Las cartas a los Corintios. CB 22. Verbo divino 1997.

 


[1] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas. Barcelona. Herder. 1976. p 175-176.

[2] Probablemente “…familiares o esclavos de una cierta Cloe (=la Rubia, que era nombre de esclava), que por lo demás desconocemos, y que probablemente era una liberta (tal vez cristiana) pudiente, con residencia en Corinto o en Éfeso…”. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 189.

[3] Cfr. QUESNEL, Michel. Las cartas a los Corintios. CB 22. Verbo divino 1997.p 5.

[4] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 178.

[5] Ibíd., p 182.

[6] Cfr. Ibíd., p 179-180.

[7] Tomado de la BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, pp. 1300-1302.

[8] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 183.

[9] QUESNEL, Michel. Las cartas a los Corintios. CB 22. Verbo divino 1997.p 20.

[10] Cfr. CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios. CB 66. Verbo Divino. Estella 1997, p 15.

[11] La perfección que se contempla en las palabras de Jesús, no es la de una categoría de cristianos superiores, sino que es la de la nueva economía que Él ha instaurado dándole cumplimiento a la antigua, a la vez que superándole. Todos somos por igual llamados a esta perfección, aunque solo algunos son llamados a cumplirla radicalmente, renunciando a la familia y las riquezas. Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1416.

[12]MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento 7.1-2 Corintios. Madrid. Ciudad Nueva. 2001. p 60.

[13] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1635.

[14] MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia... p 61.

[15] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1631.

[16] Cfr. CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios. CB 66. Verbo Divino. Estella 1997, p 15.

[17] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 199.

[18]Cfr.  MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia… p 61.

[19] Cfr.  Ibíd., p 62.

[20] BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1635.

[21] CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios… p 17.

[22] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1213.

[23] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas... p 200.

[24] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 685.

[25] Cfr. CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios… p 15.

[26] Cfr.  Ibíd., p 17.

[27] Cfr.  MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia… p 63.

[28] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 882.

[29] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 200.

[30] CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios…  p 17.

[31] Ibíd., p 16.

[32] Cfr.  MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia… p 65.

[33] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 201.

[34] Los términos: carne, espíritu, alma, cuerpo, son muy difíciles de definir. En el caso de Pablo, raramente utiliza el término “carne” en el sentido de materia corporal, como lo hace, por ejemplo en 1Cor 15: “resurrección de la carne”. En la mayoría de los casos hace referencia con este término, al hombre que se vale únicamente de sus propias fuerzas, sometido a sus impulsos, por tanto pecador. Con el término “alma”, se refiere al principio de vida biológica, tanto en el hombre como en los animales. El “espíritu” es la parte más noble del hombre, capaz de ser invadida por el Espíritu de Dios. Cfr. QUESNEL, Michel. Las cartas a los Corintios… p 21.

[35] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1650.

[36] CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios… p 15.

[37] Ibíd., p 14.

[38] Cfr. Ibíd., p 15.

[39] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 181-182.

[40] Ibíd., p 181.

 

La “conversión-vocación” de Pablo

Comentario sobre el capítulo “En el camino de Damasco” de Giuseppe BARBAGLIO, en el libro Pablo de Tarso y los orígenes cristianos. Sígueme. Salamanca 1997. pp. 67-75.


La conversión de San Pablo
La conversión de San Pablo.

El modo de desarrollo del autor en éste capítulo comienza por un comentario sobre el cuadro de Caravaggio de la conversión de Pablo, haciendo alusión a que la clave de lectura del mismo y de los relatos de la conversión deben tomarse en la esfera de lo simbólico.

Luego comenta la presentación de este suceso en el libro de los Hechos de los Apóstoles, dando probables razones del por qué es narrado en tres ocasiones en el mismo libro, y comentando elementos comunes en ellas, prosiguiendo con los detalles particulares en cada capítulo (donde se encuentran los tres relatos).

Seguidamente continúa con lo relatado en las cartas de Pablo: la primera carta de Pablo a los corintios, a los gálatas, a los filipenses y a los romanos; haciendo luego un comentario general sobre la conversión de Pablo a modo de reflexión sobre su singularidad y  significado tanto para Pablo como para todo creyente.

La típica imagen de la conversión de Pablo: la del jinete que cae del caballo al ser segado por una luz deslumbrante, parece no ser lo más indicado a tener en cuenta a la hora de reflexionar sobre el hecho en sí. Dichas palabras parecen tener, según este autor, un significado más bien simbólico.

El autor de los Hechos de los Apóstoles, primer biógrafo de Pablo, comenta el acontecimiento en tres relatos distribuidos en los capítulos: 9; 22 y 26. El primer relato es realizado en tercera persona, el segundo es una arenga del protagonista contra los judíos que lo atacaban, y el tercero es de carácter autobiográfico en forma de apología.

Barbaglio manifiesta que probablemente el autor de los Hechos haya hecho uso de alguna antigua tradición cristiana sobre la conversión paulina, haciendo uso también de cierta libertad en su redacción del relato.

Al trasmitir el acontecimiento tres veces ilustra la importancia del hecho por el cual el anuncio del Evangelio sale de los límites palestinos hacia el mundo pagano.

La verdadera intención de los Hechos es mostrar que Pablo “tuvo que hacerse” cristiano y misionero, ya que por la misma iniciativa de Cristo éste se vio “obligado” a ello[1].

Las tres versiones del relato narran la conversión en el marco de una teofanía o aparición divina. “Al acercarse a Damasco (a mediodía, añaden 22,6 y 26,13), el perseguidor quedó segado por una luz celestial (más luminosa que la del sol, precisa 26,13); oye una voz que le interpela: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’; y cuando él responde: ‘¿Quién eres Señor?’, oye esta respuesta: ‘Yo soy Jesús, a quien tú persigues’”[2]. Las actitudes de los acompañantes varían en cada capítulo, ya que se trata de variantes literarias (como dirá el autor), para dejar claro que sólo Pablo participó de la epifanía, él es el único protagonista. Es un encuentro entre Jesús y Pablo en el que se descubre la identidad de ambos, enmarcado en ciertos símbolos que son característicos de los relatos epifánicos, como la luz, la caída, y la voz. Símbolos similares se encuentran en la Biblia, en el relato de la aparición de Dios en el monte Sinaí (Ex 19) y en la zarza ardiente (Ex 3).

El símbolo de la luz quiere representar el proceso de cambio que vivió Pablo, que no fue sólo un proceso de autoconciencia, sino, un verdadero cambio que la gracia produjo en él. En el fondo es una lectura de fe hecha por el cristianismo primitivo sobre el cambio existencial del perseguidor.

En el capítulo 9, luego del relato de conversión, prosigue uno de curación, ya que Pablo había sido segado por la luz divina. Gracias a la intervención de un tal Ananías, recupera la vista, es bautizado e incorporado a la comunidad cristiana de Damasco. Este relato tiene que ver con la forma de literatura edificante de la época, con la cual las primitivas comunidades recordaban los momentos que consideraban más importantes para la misma comunidad.

En el relato de la conversión brindado por el capítulo 22, también aparece, aunque más brevemente, la curación e intervención de Ananías. Pero lo que más se acentúa en éste caso, es la misión universalista de Pablo[3]. En Hch 22,21 se ve claramente cómo por voluntad explícita de Cristo, Pablo se convierte en el apóstol de los paganos, en el mismo lugar en que, en otras épocas, se le había aparecido Dios al profeta Isaías, (correspondencias siempre destacadas por el autor de los Hechos de los Apóstoles).

En la versión del capítulo 26, la aparición encuentra su sentido último, en la investidura divina del misionero.

Si bien el testimonio de los Hechos no puede considerarse estrictamente biográfico, tiene un gran valor, aunque no nos brinde elementos descriptivos, ni un análisis psicológico del cambio de vida en Pablo.

En las cartas del Apóstol, en numerosas ocasiones él mismo nos habla de ello[4], aunque “…él no narra su conversión, sino que interpreta más bien como teólogo el acontecimiento de Damasco…”[5], se trata más bien de una autobiografía teológica. La intención de Pablo en sus cartas es siempre recalcar la función pública e histórica que le tocaba ejercer. Por otro lado, debe tenerse en cuenta que el testimonio que Pablo brinda en sus cartas se ubica casi unos veinte años después del hecho de la conversión.[6]

Siempre que Pablo da testimonio de su cambio de vida, lo hace en el plano de tomar una postura sobre algún tema particular. Es el caso, por ejemplo, de la discusión sobre la legitimidad de su misión apostólica, o la disputa sobre la liberta de los paganos en  cuanto a los condicionamientos judíos.

Sus palabras no nos van a otorgar numerosos detalles externos. A pesar de todo puede considerarse un testimonio de incalculable valor, que nos permite captar el sentido de este hecho tan importante en el interior del mismo protagonista.

En la primera carta a los corintios, no demuestra ningún problema en colocarse entre los testigos privilegiados de Cristo, los apóstoles (1Cor 9,1; 15,18). Refiriéndose al acontecimiento de Damasco, resalta su investidura como apóstol a raíz de la epifanía vivida allí.

Según Barbaglio, no hay que pensar en la aparición de Dios a Pablo como una visión ocular directa, sino como una “…manifestación de la identidad misteriosa del crucificado del Gólgota…”[7]

En la carta enviada a las iglesias de Galacia (Gal 1,1), pone de manifiesto el origen directamente divino de su  predicación, revelada directamente por el mismo Cristo.

Utilizando un lenguaje apocalíptico, Pablo afirma que Cristo le ha revelado y lo ha llevado a comprender la identidad desconocida de Jesús de Nazaret como camino único de salvación para todos.

Aunque la vida del Apóstol parezca estar dividida drásticamente en dos partes: la del fanático perseguidor fariseo, y la del fiel apóstol de Cristo, sin embargo existe una continuidad subterránea, ya que como dirá en Gal 1,5;  como el profeta Jeremías, él fue escogido por Dios aún antes de nacer. Cristo lo ha transformado por la gracia, por que el cambio en su existencia depende todo de ella, y no, de una opción personal autónoma.[8]

También aparece jactándose de su origen judío en la carta a los filipenses (Flp 3,4b-6), pero enseguida agrega que, al haber Cristo abierto sus ojos, se vieron invertidos todos sus criterios de valoración: “Sin embargo, todo eso que para mi era ganancia, lo tuve por pérdida comparado son el Mesías; más aún, cualquier cosa tengo por pérdida al lado de lo grande que es haber conocido personalmente al Mesías Jesús mi Señor. Por Él perdí todo aquello y lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo e incorporarme a Él, no por tener la propia rectitud que concede la ley, sino la que viene por la fe en el Mesías, la rectitud que Dios concede como respuesta de la fe” (Flp 3,7-9).

Este proceso de cambio radical en Pablo no es fruto de un autoanálisis o determinación personal, sino del encuentro cara a cara con Cristo resucitado y su gracia.[9]

Pablo ha llegado claramente a una determinación: el único camino verdadero que conduce a Dios y otorga la salvación es Cristo mismo.

“…el código de la gratitud, no el de lo debido, es el que rige los caminos de los hombres hacia la verdad.”[10]No es la persona autocrática, sino el hombre que se abre al don ajeno, el que reconoce su dependencia de Dios y de los demás.

En aquél encuentro cara a cara con Cristo, se le han abierto los ojos para comprender realmente la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18,10-14).[11]

La historia de la conversión de Pablo no es un caso aislado, sino un modelo para toda la humanidad. Su ejemplo es una oportunidad ofrecida para que toda persona pueda encontrar el verdadero camino a Dios.

Para comprender verdaderamente la conversión de Pablo hay que saber distinguir de la conversión entendida en forma moralista. Si se quiere hablar de conversión en Pablo, es, en todo caso, una conversión a Cristo. Dentro de esta viene incorporada una dimensión pública, ya que con la conversión a Cristo le viene dada una misión cristiana al mundo.

Si bien con los testimonios ofrecidos por la Sagrada Escritura no nos es posible trazar un camino psicológico en la conversión de Pablo, si podemos afirmar que se percibe la psicología del convertido: adhesión total a la nueva causa, y denuncia de la causa perseguida con anterioridad, fuerte conciencia de su opción, seguridad, coraje, una fe fresca y apasionada y hasta una cierta dosis de intolerancia; según Barbaglio[12].

Luego de tanto hablar de la conversión-vocación de Pablo, aún corremos el riesgo de quedarnos con una idea errónea de lo que esto significa. Si bien puede parecernos un suceso de una sola vez en la vida, no es así. Después de ese encuentro decisivo con Cristo, la vida de Pablo se vio modificada para siempre. Pero cuando el resucitado aparece en nuestras vidas de un modo tan radical, transformándola, no se trata de un mero acto de magia. Es verdad que la gracia ha actuado primero, pero de allí en adelante, es nuestro deber ser responsables de este giro en nuestra vida. Como Pablo supo seguir la misión que esta nueva vocación le imponía, también hoy nosotros debemos preocuparnos cada día por vislumbrar la misión que Cristo guarda para cada uno en las circunstancias que hoy nos atañen.

Podríamos pensar que no es tan simple para nosotros en el mundo actual, más aún en el caso de no haber pasado por un encuentro así de radical. Y es verdad. Para quienes hemos nacido en una cultura y familia cristiana, y hemos crecido rodeados de la fe, en numerosas ocasiones puede parecer difícil distinguir el llamado de Dios en nuestras vidas. Es muy probable que en gran parte esto sea así por una falsa creencia de que si hemos crecido rodeados de la fe en Jesucristo, ya está (o debería estar) arraigada profundamente en nosotros, sin necesidad de una búsqueda constante de la verdad y un esfuerzo por hacer de esta fe realmente una opción propia. La conversión es una necesidad constante en nuestra vida, aunque ya tengamos la fe, pues cada día los egoísmos y flaquezas nos desvían de ese llamado que Dios nunca deja de hacernos. Nuestra vocación y la misión que implica, es un compromiso de todos los días.


[1] Cfr. BARBAGLIO, Giuseppe. Pablo de Tarso y los orígenes cristianos. Sígueme. Salamanca 1997. p. 67.

[2] Ibíd., p. 68.

[3] Cfr., Ibíd., p. 68.

[4] Cfr., Ibíd., p. 69.

[5] Ibíd.,  p. 69.

[6] Cfr. Ibíd., p. 69.

[7] Ibíd., p.70.

[8] Cfr.  Ibíd., p.71.

[9] Cfr.  Ibíd., p.72.

[10] Ibíd., p.73.

[11] Cfr.  Ibíd., p.73.

[12] Cfr.  Ibíd., p.74-75.

 

 

Fuentes para reconstruir la vida del Apóstol Pablo

El apóstol Pablo
El apóstol Pablo

Para reconstruir la vida del Apóstol se recurre al libro de los Hechos de los apóstoles y a los datos autobiográficos presentes en sus cartas, principalmente. También pueden tomarse algunos datos de la literatura apócrifa, aunque éstos no son muy dignos de fe, ya que pertenecen más bien al género de novela o leyenda[1].

Las cartas de Pablo (llamado “Corpus Paulinum”) que figuran en el canon son catorce, en las que se suele distinguir entre las consideradas auténticas y las llamadas deuteropaulinas (atribuidas a Pablo por la tradición)[2].

Entre las primeras figuran: la primera carta a los tesalonicenses, primera y     segunda carta a los corintios, filipenses, filemón, la carta a los romanos y a los gálatas. Entre las segundas se encuentran: colosenses, efesios, segunda carta a los tesalonicenses, las cartas pastorales (primera y segunda a Timoteo y Tito), y la denominada “Carta a los hebreos”[3]. También encontramos una pequeña mención en  2° Pedro 3, 14-17 como testimonio de la reputación de Pablo en la primera comunidad eclesial[4].

Dentro de los escritos apócrifos encontramos los hechos de Pablo y tecla (de mediados del s.II), con el estilo de una “novela” cristiana en la cual Pablo es el protagonista, el Apocalipsis de Pablo (del s.III-IV), y el martirio de Pablo (del s.IV-V). También hay datos que aparecen en las Homilías atribuidas a Clemente romano y en las Recogniciones (Reconocimientos) del s.IV, como en las cartas apócrifas que circulan bajo su nombre: a los laodicenses, los colosenses, a los alejandrinos, a la iglesia de Corinto (de los s.III-IV) y la correspondencia epistolar entre Pablo y el filósofo Séneca (s.IV). Todos estos son escritos muy útiles a la hora de ver las interpretaciones que se hacía de Pablo en el ambiente cristiano de los primeros siglos[5].

Es importante tener en cuenta las fuentes literarias, epigráficas, papirológicas y arqueológicas a la hora de lograr la ambientación histórica y cultural de Pablo. Podemos nombrar las obras de Flavio Josefo (particularmente la Guerra judaica, las antigüedades judaicas, la Autobiografía y Contra Apión); los comentarios bíblicos de carácter filosófico de Filón de Alejandría (Contra Flaco, Legatio ad Gaium). A las obras literarias se les puede agregar las inscripciones en las ciudades antiguas como los hallazgos arqueológicos[6].

No todos los textos del Nuevo Testamento son del mismo valor a la hora de     reconstruir la vida de Pablo. Las biografías más difundidas de Pablo se han realizado a partir de los Hechos de los apóstoles, lo cual popularizó la imagen del “Pablo viajero”. Este rasgo se encuentra también en las cartas, sin embargo en ellas aparece más marcada la imagen de Pablo como el gran teólogo, como aquél que lleva el mensaje cristiano a los hombres. En realidad Pablo ha trascendido más que todo como teólogo[7].

Pablo es uno de los personajes de la primera generación cristiana de los que poseemos mayor documentación y entre las fuentes fundamentales encontramos sus cartas. Dentro de estas encontramos algunas con información de mayor credibilidad que otras (los datos que se obtienen de las cartas que no son consideradas como escritas o dictadas por Pablo “…deben verificarse y controlarse mediante la confrontación con el marco histórico reconstruido a partir de las cartas auténticas.”[8]).

La redacción de los Hechos de los apóstoles se remonta unos treinta años después de las primeras cartas de Pablo. Se presentan entre Hechos y las cartas ciertas tensiones o contradicciones como puntos de coincidencia.

Hechos presenta una imagen mucho más idealizada de Pablo, ya que no tiene una finalidad biográfica, sino que se orienta con otras perspectivas[9].

Los datos que se encuentran en las cartas del Apóstol son los más dignos de fe, ya que son dados por él mismo,  sin embargo “…es necesario reconocer que sólo gracias al cuadro de conjunto presentado por el libro de los Hechos es posible coordinar las informaciones fragmentarias y ocasionales que se hallan diseminadas en los escritos de Pablo.”[10] En un segundo momento es útil el análisis de los textos de las fuentes apócrifas y profanas para poder lograr, mediante la confrontación, una reconstrucción confiable del perfil humano y cristiano de Pablo y su obra.

El autor de los Hechos dispone seguramente de ciertas tradiciones sobre el Apóstol que rondaban en las distintas comunidades. Estas tradiciones van desde datos biográficos concretos hasta narraciones en estilo de leyenda. Debe tenerse en cuenta que es muy probable que el autor de los Hechos haya remodelado algunos datos e incluso coloreado con su propio estilo. A pesar de todo, no es correcto renunciar a la información otorgada por este libro porque es posible extraer de él ciertas informaciones dignas de crédito[11]. A pesar de que escribió aproximadamente tres décadas después de la muerte del Apóstol, seguramente habrá comenzado sus investigaciones algún tiempo antes, como él mismo lo afirma en Lc 1, 1-4. “Sin duda que él acompasó a su concepción teológica lo que había encontrado; sin duda que se encontró con informaciones ya modeladas. Con todo, él resulta indispensable.”[12]

“Pisamos suelo especialmente sólido cuando se trata de noticias coincidentes recogidas en cartas de Pablo y en Hechos de los apóstoles.”[13]

 

 

 


[1] Cfr. RIVAS, Luis H. San Pablo. Su vida. Sus cartas. Su teología. San Benito, Buenos Aires 2001. p 11.

[2] Cfr. FABRIS, Rinaldo. Para leer a San Pablo. San Pablo, Bogotá 1996. p 5.

[3] Otra forma de clasificarlas es en cuatro grupos: las auténticas o “protopaulinas” (escritas o dictadas por Pablo: Romanos, 1° y 2° Corintios, Gálatas, 1° Tesalonicenses, Filipenses y Filemón), las de autenticidad problemática o “deuteropaulinas” (que sin duda tienen material paulino, pero se encuentran problemas de atribución  por razones de estilo, históricas y teológicas: Colosenses, Efesios  y 2° tesalonicenses), las pastorales de autenticidad improbable o “tritopaulinas” (a veces se las coloca dentro del segundo grupo, pero el problema de autenticidad es mayor que el de las deuteropaulinas: 1° y 2° Timoteo y Tito), y las no paulinas que sería la Carta a los hebreos (que no es de Pablo, no está dirigida a los hebreos y no es una carta). VANNI, Ugo. Las cartas de Pablo. Ed. Claretiana. Buenos Aires 2002. p 17.

[4] Cfr. VANNI, Ugo. Las cartas de Pablo. Ed. Claretiana. Buenos Aires 2002. p 16.

[5] Cfr. FABRIS, Rinaldo. Para leer a San Pablo. San Pablo, Bogotá 1996. pp  6-8.

[6] Cfr. FABRIS, Rinaldo. Para leer a San Pablo. San Pablo, Bogotá 1996. pp 8-9.

[7] Cfr. RIVAS, Luis H. San Pablo. Su vida. Sus cartas. Su teología. San Benito, Buenos Aires 2001. p 11.

[8] FABRIS, Rinaldo. Para leer a San Pablo. San Pablo, Bogotá 1996. p 6.

[9] Cfr. RIVAS, Luis H. San Pablo. Su vida. Sus cartas. Su teología. San Benito, Buenos Aires 2001. p 12.

[10] FABRIS, Rinaldo. Para leer a San Pablo. San Pablo, Bogotá 1996. p 6.

[11]Cfr. GNILKA, Joachim. Pablo de Tarso, apóstol y testigo. Herder, Barcelona 1998. p 20.

[12] GNILKA, Joachim. Pablo de Tarso, apóstol y testigo. Herder, Barcelona 1998. p 21.

[13] GNILKA, Joachim. Pablo de Tarso, apóstol y testigo. Herder, Barcelona 1998. p 21.