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Análisis de pasajes de la Biblia

Los magos de Oriente…

Evangelio según San Mateo 2, 1-12

1Jesús nació en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes. Por entonces sucedió que unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 2 preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella en el oriente y venimos a adorarle.

3 Al oírlo, el rey Herodes comenzó a temblar, y lo mismo que él toda Jerusalén. 4 Entonces, reuniendo a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo, les preguntó en qué lugar debía nacer el Mesías.

5 Le contestaron: En Belén de Judea, como está escrito por el profeta:

6 Tu, Belén, en territorio de Judá,

No eres ni mucho menos la última

de las poblaciones de Judá,

pues de ti saldrá un líder, el pastor de mi pueblo Israel.

7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les preguntó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella; 8 después los envió a Belén con éste encargo: averigüen con precisión lo referente al niño y cuando lo encuentren avísenme, para que yo también vaya a adorarle.

9 Y habiendo escuchado el encargo del rey, se fueron. De pronto, la estrella que habían visto en oriente avanzó delante de ellos hasta detenerse sobre el lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella se llenaron de una inmensa alegría. 11 Entraron en la casa, vieron al niño con su madre, María, y postrándose le adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron como regalos: oro, incienso y mirra.

12 Después, advertidos por un sueño de que no volvieran a casa de Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

(Extraído de La Biblia de nuestro Pueblo)

 

La solemnidad de la Epifanía del Señor, como se denomina en la liturgia este día, suele pasar para muchos inadvertida, o incluso, olvidada tras la fantasía de los reyes magos que traen regalos a los niños cada 6 de enero. A pesar de ello posee gran importancia, no solo en la comprensión del cristianismo como tal, sino también en nuestra propia comprensión como cristianos no provenientes del judaísmo.

 

Epifanía del Señor

Epifanía del Señor

“La palabra mago describe a alguien capaz de hacer que el poder divino se manifieste de forma concreta, física y tangible a través del milagro personal. […] El mago tiene un poder personal e individual, mientras que el sacerdote o el rabino tienen el poder comunitario ritual. […] Los magos cuestionaban siempre la legitimidad del poder espiritual. Algo curioso es advertir que mientras en el relato del éxodo el faraón se encuentra estrechamente vinculado a los magos,  que representaban el poder de los dioses de Egipto, en el relato de Mt 2, quienes están colaborando con Herodes son los sumos sacerdotes y escribas, mientras que los magos de oriente están de parte del auténtico plan de Dios”[1].

 

¿Quiénes son los magos hoy? ¿Podemos ser nosotros? ¿Debemos serlo? La pregunta verdadera no es por los magos en sí, sino por el propio Mesías, el salvador de los hombres. Jesús no sólo es el heredero de las promesas de Israel, Él es la respuesta a la esperanza de todos los hombres y mujeres de la tierra, de todos los tiempos. Y allí en los magos de oriente, en los pastores del relato de Lucas, en José y María, estamos todos representados. Pero también lo estamos en Herodes y los letrados y sumos sacerdotes.

Cuántas veces naciendo entre nosotros lo rechazamos, sin atrevernos a dejar de lado todo aquello que nos deshumaniza, para lanzarnos decididamente en su búsqueda, en lo más humilde, en lo más pequeño, débil y olvidado de este mundo: en el pesebre. Sólo por ese camino de la estrella de Belén, nos encontraremos, como los magos, en el misterio de la presencia amorosa de Dios, en aquella epifanía (manifestación) de Jesús. Y al igual que ellos, no podemos regresar por el mismo camino. Luego del encuentro con Jesús se crea un cambio radical, no podemos seguir como antes. Su presencia, una vez que ha llegado, debe transformar toda nuestra vida. No se puede vivir como una curiosidad, como un fenómeno a entender o estudiar; exige, luego del asombro, la apertura del corazón a la aceptación del Misterio. Cuando se haya hecho carne en nosotros no podremos más que anunciarlo con gozo al mundo, dando testimonio de Él con nuestra propia vida, convirtiéndonos en verdaderos adoradores suyos.

 


[1] José C. R. GARCIA PAREDES, Mariología, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1995, 59-60.

El Nacimiento en Belén

Algunas reflexiones en torno a los relatos bíblicos del nacimiento de Jesús, desde una perspectiva mariana feminista.

 

Según San Lucas

 

     Sin la seguridad de una casa, como la cantidad de mujeres en condiciones desfavorecidas, María dio a luz. En un pesebre, comedero de los animales domésticos, colocó al recién nacido. Como pobre, dio a luz entre los pobres, pues los pastores, que según el relato de Lucas 2,1-20 fueron los primeros en acudir a ver al niño, también eran de baja condición económica y social. “La pareja desplazada, el pesebre y los pastores, todo junto, son una clara señal: el Mesías viene de entre la gente humilde de la tierra”[1].

No se da detalle sobre el parto de María, Lucas solo dice “y ella dio a luz”. Podemos preguntarnos por todos los detalles del mismo, por las contracciones, el dolor y cada aspecto y dificultad del parto de una mujer, lo difícil de dar a luz sin la ayuda de una partera y sin un lugar e higiene apropiados. Si bien en los evangelios apócrifos posteriores, se presenta una imagen aparentemente sin dolor  ni esfuerzo alguno, sin embargo de la lectura de Lucas no se desprende tan fácilmente esta idea. Según la teóloga Elizabeth A. Johnson, no hay en él rastro alguno de tal excepcionalidad frente a la condición humana[2]. El dogma de la triple virginidad de María, parecería necesitar de esta inmutabilidad en el cuerpo de María, pero Johnson no considera que sea contrapuesto a que ella comparta con el resto de las mujeres, la experiencia del alumbramiento en circunstancias plenamente humanas, viviendo incluso el riesgo de morir. Varios biblistas piensan que María ofreciendo sacrificio en el templo después del nacimiento (Lc 2,21-40), no tendría sentido si en su cuerpo nada se hubiera alterado. ¿Por qué habría de purificarse si el parto fue totalmente milagroso? “En este alumbramiento se derramó sangre de verdad, por parte de una mujer pobre de una sociedad rural alejada de su casa, que sufre en un parto por primera vez. Y éste fue santo”[3].

Navidad

Nacimiento de Jesús en Belén

Hay dos escenas en las que Lucas nos muestra a María repensando lo que sucedía en su corazón: en ésta luego de marcharse los pastores, y doce años más tarde, luego de haber perdido y hallado a Jesús en el templo (Lc 2,41-52). Según la autora, ambas se relacionan con la revelación progresiva de la identidad de Jesús[4]. María medita en su corazón estos sucesos comprendiendo progresivamente la identidad de su propio hijo. Ella conserva la palabra-acontecimiento, esforzándose por interpretarla en profundidad. No es un oyente superficial, todo lo contrario. Ella nos da el ejemplo de la verdadera actitud del discípulo[5]. A medida que Jesús crecía seguramente ella continuaba dilucidando aquellas palabras del ángel en la anunciación. “María no es capaz de captar desde el principio todo el misterio que la envuelve”[6]. No se contenta con escuchar y ver, ella guarda todo en su corazón. Repiensa e interpreta su vida intentando descubrir lo que Dios ha querido de ella.

De modo similar puede ser también para nosotros el misterio de la presencia de Dios en nuestras vidas. Cuántas veces se nos habrá aparecido a través de personas o acontecimientos cotidianos o extraordinarios, sembrando en nuestro corazón aquella confianza en Dios y, sin embargo, aún no podemos describirla apropiadamente. El ejemplo que nos da María frente al acontecimiento de la venida de Jesús a la vida de los hombres es tan simple como profundo, y a veces, en el ajetreo de la vida, parece complicado encontrar un tiempo para escuchar, ver y guardar en nuestro corazón la presencia del niño Dios que busca nacer en nosotros, pero lamentablemente, más de una vez sólo encuentra un pesebre.

Junto con José y los pastores, María se constituye en testigo de la promesa cumplida. Allí está la paradoja divina anunciada por ella: “el Dios encarnado es un niño sin fuerza, sin poder, a merced de todas las necesidades de cualquier necesitado de este mundo”[7]. La falta de palabras explícitas de María no debe confundirse con una actitud pasiva, sino que representa sobrecogimiento ante el absoluto “misterio de la presencia de Dios en el límite de lo humano”[8]. “Siguiendo La imagen de Lucas de María como discípula ejemplar, las generaciones posteriores verán aquí a una mujer en oración, que contempla activamente la palabra de Dios”[9].

 

Según San Mateo

 

Al igual que Lucas, lo que Mateo pretende en su relato (Mateo 2,1-12), es informarnos sobre la identidad cristológica del niño, no la historia tal cual fue, y ambos lo hacen por vías diferentes. Aquí la llegada de los magos de oriente señala la presencia de la sabiduría, “… técnicamente son magos, un término que se refirió históricamente a gente entendida en mística, en artes sobrenaturales…”[10]. La inserción de la visita de los magos al niño, representa el reconocimiento de muchos, de Jesús como el Mesías, incluso fuera del pueblo judío[11]. “Wainwright sugiere, en vena feminista, que los magos de Mateo pueden evocar la tradición sapiencial de la Escritura y sus muchos puntos de contacto con la religión extranjera,  incluidas las imágenes femeninas de Dios”[12]. Esto no resulta extraño ya que la Santa Sabiduría se emplea en otros pasajes de este evangelio para interpretar a Jesús[13].

Raymond Brown afirma que los magos de oriente representan a los gentiles que llegan a creer en Cristo a través de la revelación de la naturaleza. “Como algunas de las antepasadas de la genealogía de Jesús, ellos indican que Jesús está destinado para los gentiles igual que para los judíos”[14]. Hoy, desde nuestra realidad de cristianos católicos o de otras confesiones cristianas, no podemos olvidar este mensaje de la Escritura: Jesús no es sólo para nosotros, no está únicamente entre nosotros, e incluso, más veces de las que quisiéramos reconocer, lo perdemos por completo. A pesar de ello, por la presencia de su Espíritu, nos sigue buscando, en todas las Marías de la historia, nos sigue golpeando a la puerta buscando un lugar donde nacer.

María está conectada en este pasaje, al primer reconocimiento público de la identidad mesiánica de Jesús, reconocida como madre del niño, y aunque Mateo no le asigna palabras ni actos, su presencia ya implica una “inclusión extraordinaria”[15]. Teniendo en cuenta que Mateo utiliza la palabra “casa” como metáfora de Iglesia, lo que sucede en la casa evoca el ideal de la comunidad, y con el reconocimiento de María en el centro de la escena, se propone el desafío de cambiar los viejos modos patriarcales en la Iglesia, por el compañerismo en el seguimiento de Cristo[16].

 

 

 

 


[1] Elizabeth A. JOHNSON, Verdadera hermana nuestra. Teología de María en la comunión de los santos, Herder, Barcelona 2005, 320.

[2] Cfr., Ibíd., 321.

[3] Ibíd.

[4] Cfr., Ibíd., 321-322.

[5] Cfr., Bruno FORTE, María, la mujer icono del misterio. Ensayo de mariología simbólico-narrrativa, Ediciones Sígueme, Salamanca 1993, 87-88.

[6] José C. R. GARCIA PAREDES, Mariología, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1995, 105.

[7] M. NAVARRO PUERTO, María, la mujer. Ensayo psicológico-bíblico, Publicaciones Claretianas, Madrid 1987, 108.

[8] I. GEBARA – M. C. BINGEMER, María, mujer profética. Ensayo teológico a partir de la mujer y de América Latina, Ediciones Paulinas, Madrid 1988, 86.

[9] Elizabeth A. JOHNSON, Verdadera hermana nuestra… 322.

[10] Elizabeth A. JOHNSON, Verdadera hermana nuestra…281. “La palabra mago describe a alguien capaz de hacer que el poder divino se manifieste de forma concreta, física y tangible a través del milagro personal. […] El mago tiene un poder personal e individual, mientras que el sacerdote o el rabino tienen el poder comunitario ritual. […] Los magos cuestionaban siempre la legitimidad del poder espiritual. Algo curioso es advertir que mientras en el relato del éxodo el faraón se encuentra estrechamente vinculado a los magos, que representaban el poder de los dioses de Egipto, en el relato de Mt 2, quienes están colaborando con Herodes son los sumos sacerdotes y escribas, mientras que los magos de oriente están de parte del auténtico plan de Dios”. José C. R. GARCIA PAREDES, Mariología… 59-60.

[11] Cfr., I. GEBARA – M. C. BINGEMER, María, mujer profética…72.

[12] Elizabeth A. JOHNSON, Verdadera hermana nuestra…281.

[13] Cfr., Ibíd.

[14] Ibíd., 282.

[15] Ibíd.

[16] Cfr., Elizabeth A. JOHNSON, Verdadera hermana nuestra…283.

“Una espada atravesará tu alma” (Lc 2,35)

Sobre la presentación de Jesús en el templo (Lucas 2,21-40), podríamos decir que  “No hay otro episodio que describa mejor a María y José de Nazaret como padres activos comprometidos con la herencia de sus antepasados”[1]. Rodeada de toda la novedad que implica el nacimiento del Mesías, en compañía de su esposo, María cumple con la ley de su pueblo. Con la ofrenda de dos tórtolas, ratifican su pertenencia al grupo de los pobres de su pueblo. Sin embargo, en medio de su pobre sacrificio, son interrumpidos por dos ancianos, representantes de madurez y sabiduría, quienes proclamarán con alegría que este niño porta la salvación. Simeón, entona un cántico de agradecimiento al Señor por permitir que sus ojos vean la llegada de la redención de Israel. Pero es la actitud de Ana, la anciana, la que nos suscita interés: luego de la gran noticia, ella no se prepara para morir, como Simeón, sino que se pone a predicar la buena nueva a todo aquél que la esperaba. “Una vez más, contamos con una instantánea de María recibiendo ánimos para seguir con la tarea de su vida a través del ministerio de una mujer”[2].

Rembrandt. Presentación de Jesús en el templo.

Luego de esto llega el anuncio nefasto de Simeón, de que el niño será signo de contradicción y que una espada atravesará el alma de su madre[3]. Existen numerosas interpretaciones en relación a lo que significaría esa espada. Según Raymond Brown, Lucas significa con la espada el discernimiento espiritual que deberá afrontar María a lo largo de su vida. Escuchar la palabra de Dios y guardarla, no es tan fácil e instantáneo como suena. Es un trabajo arduo de interpretación y discernimiento constante. Continuamente María recibirá pruebas a su fe, que deberá afrontar como una espada que atraviese su alma. No se le ha ahorrado el esfuerzo de creer[4]. Ella se encontrará como cualquier persona, con dificultades a la hora de intentar entender las palabras y gestos de su hijo, la palabra de Dios[5]. “Ninguna vida profética estuvo exenta de lucha, de dolor y de contradicciones”[6].

Gebara y Bingemer nos hablan de cómo hoy en medio de nosotros se sigue realizando la profecía de Simeón, y cómo compartimos eso con María[7], luchando por el reino en las contradicciones que se nos presentan en este mundo. El corazón de los cristianos también es atravesado por una espada continuamente y se hace necesario el discernimiento. En María podemos encontrar el apoyo y las respuestas que muchas veces necesitamos en la vida diaria.

También podemos apreciar en esta escena la importancia de la vida matrimonial de María y José. Ambos llevan al niño a Jerusalén y ofrecen juntos el sacrificio, los dos se sorprenden y maravillan ante las declaraciones de los ancianos, y como pareja son bendecidos por Simeón. Los dos, unidos en matrimonio, se preparan para el cuidado de su niño. Aquí E. Johnson opta por destacar la importancia de devolverle a María su vida matrimonial. Si bien el matrimonio de María se supone fue negociado en un marco patriarcal y la estructura misma del texto es así, no debe ignorarse el estado de casada en el que ella vivió:

 

[…] dentro de una tradición eclesial que durante mucho tiempo ha ignorado el estado de casada de María para favorecer una imagen  idealizada de la madre virgen y que, todavía más, ha utilizado esa imagen para relegar a la mujer casada a una posición subordinada, resulta sin duda liberador devolver a María a su matrimonio, hacer que recupere su relación con el hombre con el que compartió la vida, para bien o para mal. Y saber que éste es bendecido[8].


[1] JOHNSON, Elizabeth A., Verdadera hermana nuestra. Teología de María en la comunión de los santos, Herder, Barcelona 2005, 323.

[2] Ibid., 324. La otra mujer a la que aquí hace alusión sería su prima Isabel en el relato de la visitación.

[3] Por alma se refiere aquí a toda su persona.

[4] Cfr., Bruno FORTE, María, la mujer icono del misterio. Ensayo de mariología simbólico-narrativa, Ediciones Sígueme, Salamanca 1993, 91.

[5] El de María es “un camino de fe no fácil, marcado por la confrontación con la palabra de Dios que resuena en él”. Ibid., 92.

[6] M. NAVARRO PUERTO, María, la mujer. Ensayo psicológico-bíblico, Publicaciones Claretianas, Madrid 1987, 108-109.

[7] Cfr., I. GEBARA – M. C. BINGEMER, María, mujer profética. Ensayo teológico a partir de la mujer y de América Latina, Ediciones Paulinas, Madrid 1988, 87.

[8] Elizabeth A. JOHNSON, Verdadera hermana nuestra… 326.

 

Dos mujeres y un canto: el Magníficat

En la conocida escena de la visitación (Lucas 1,39-56) nos encontramos no sólo con el canto profético de María (el llamado Magníficat), sino también con la reunión de dos mujeres con grandiosas palabras en sus labios. Palabras de acción de gracias, profecía y alabanza a Dios. Es un encuentro en el que no hay varones más que Zacarías, pero él se mantiene mudo. En este silencio resuenan las voces femeninas de Isabel y María. La escena se desarrolla en un ambiente doméstico, tradicionalmente femenino, donde las mujeres toman la palabra, a la vez que encarnan y proclaman la misericordia de Dios, y sobre ellas se derrama el Espíritu[1].

La visitación. María e Isabel

No es difícil percibir lo valioso del encuentro entre dos mujeres amigas y la presencia de Dios en medio de ellas. “Toda mujer necesita hablar con otra que conoce lo que significa vincularse a las intenciones de Dios. Los ánimos que se dan mutuamente les permiten seguir adelante con más confianza y alegría, a pesar de la lucha que tienen todavía por delante”[2]. En el diálogo fecundo encuentran la fuerza para profetizar, y en la amistad que reconforta y da sosiego, son sostenidas por el amor de Dios y a Dios. Dos amigas, “dos profetisas embarazadas plenas del Espíritu gritando, con alegría, advertencias y esperanzas para el futuro”[3].

Para Isabel no es nada difícil reconocer la gracia en María, pues ella ha identificado bien la gracia en su propia vida y le transmite a su amiga su propia confianza en Dios. Aquellos seis meses de silencio junto a su esposo enmudecido, parecen haber sido un momento de preparación para recibir al salvador y a su madre en su casa. Y en un breve canto, invadida por el Espíritu Santo, bendice a María como mujer, al hijo y a su fe. Estas bendiciones de Isabel sobre María, sin embargo, están lejos de diferenciarla alejándola del resto de las mujeres, sino todo lo contrario, pues las palabras de Isabel rememoran alabanzas dirigidas a otras mujeres en la Historia de Israel. De este modo María queda más unida a su pueblo y especialmente a todas sus hermanas en la fe, que como ella, creyeron y fueron bendecidas. En los tres meses que siguieron juntas, intuye la teóloga norteamericana E. Johnson, ambas alimentaron y afirmaron su propia vocación y confianza en Dios.

Aparece con claridad “ la capacidad de las mujeres para interpretar la palabra de Dios a otras mujeres”[4].  Este aspecto es muy importante si tenemos en cuenta lo que ha significado el hecho de que durante siglos, han sido sólo varones los considerados capaces de interpretar la palabra de Dios. Hoy la interpretación de la palabra de Dios se ha enriquecido notablemente. Han ido apareciendo nuevos aportes desde la imaginación de las mujeres que descubren en la Biblia nuevos significados que les ayudan a sostener y dar mayor fundamento a su fe. Se descubren también más representadas de lo que parecía, y plenamente aptas para participar activamente en el plan de Dios.

Con respecto al Magníficat, Johnson destaca el optimismo que el mismo cántico representa: “siendo el pasaje más largo puesto en boca de una mujer en el Nuevo Testamento, representa lo más que una mujer alcanza a decir”[5]. Puede verse en este canto una afirmación sobre la posibilidad y el deber de hablar de las mujeres[6]. Dios la ha favorecido, y “así como el Espíritu envolvió con su sombra a María, inspirándole alegría y fortaleza, así también el Espíritu derrama cada día en nosotros gracia rica y abundante para que sigamos nuestra propia llamada”[7]. En la segunda estrofa el panorama se amplía y es alabada la misericordia de Dios con todos los pobres del mundo.

No debemos perder de vista el carácter revolucionario del Cántico. Hay en él una profunda crítica al orden de opresión e injusticia establecido en la sociedad, en la vida concreta de las personas de todos los tiempos y regiones del mundo. El canto tiene una importancia decisiva, especialmente, en América Latina. Donde aparece clara la profunda analogía, que viven las mujeres latinoamericanas de las comunidades de base cristianas, entre su situación y la de Miriam de Nazaret, cuyo canto da esperanza a las mujeres y les revela que tienen el derecho y el deber de participar plenamente de los cambios redentores[8]. Nos recuerda las implicancias que tiene para los cristianos el canto profético de María, y la necesidad de tomar acción en la transformación de la historia[9]. María “… hace suyo el no divino a cuanto aplasta al humilde. […] Nada de pasividad, sino solidaridad”[10].

Lo expresado en el Magníficat  tiene tanta vigencia para las estructuras sociales, como para la estructura y gobierno de la Iglesia. Marie-Louise Gubler, se pregunta: “¿Cómo es posible rezar cada tarde en las vísperas el cántico de María sin sacar consecuencias espirituales y estructurales para la Iglesia”[11]? Y afirma: “efectivamente, las palabras proféticas de María definen nada menos que como misericordia la intervención de Dios en el orden social patriarcal”[12].

En un himno de alabanza a Dios María anuncia y denuncia como un profeta[13]. Ella canta por ella misma, y en un sentido colectivo, también por su pueblo. La palabra de Dios nace dentro de ella. Según la teóloga española M. Navarro, Lucas anticipa en el contenido del Magníficat, las bienaventuranzas, y el mensaje clave es que son dichosos los pobres. María se ofrece a sí misma como el ejemplo de ello[14]. Como afirma José García Paredes, las bienaventuranzas no son  meras promesas que nos llaman a la resignación, sino que nos hablan de la irrupción en la historia, de la verdadera felicidad del Reino de Dios en nuestro mundo. “María es bienaventurada porque Dios le comunica su  felicidad”[15]. Pues el Reino, contrario a la idea que subyace muchas veces sobre él, no viene como un acontecimiento grandioso al final de una batalla, “sino que va irrumpiendo  acá y allá en la medida en que la justicia y el amor se van imponiendo en los grandes y pequeños gestos de la existencia humana…”[16].


[1] Cfr., Elizabeth A. JOHNSON, Verdadera hermana nuestra. Teología de María en la comunión de los santos, Herder, Barcelona 2003, 302. Sobre este pasaje es interesante: Carminia NAVIA VELASCO, “María de Nazaret, re-visitada”, Concilium 327 (2008) 505-514 y “María e Isabel, diálogo entre mujeres”, RIBLA 46 (2003) 9-16.

[2] Elizabeth A. JOHNSON, Verdadera hermana nuestra…302.

[3] Ibid., 303.

[4] Ibid., 305.

[5] Ibid.

[6] Entonando este canto, María se une a la larga tradición de mujeres de su pueblo que cantan salmos de acción de gracias y cantos de triunfo de los oprimidos: “[…] desde Miriam con su pandero (Ex 15,2-21) hasta Débora (Jue 5,1-31), Ana (1Sam 2,1-10) y Judit (Jdt 16,1-17), que también cantaron peligrosos cánticos de salvación”. Ibíd., 306. En él se expresa la alegría mesiánica, la alegría de una mujer pobre, y de esta alegría surge la fuerza.

[7] Ibid., 308.

[8] Cfr., Elizabeth A. JOHNSON, Verdadera hermana nuestra…317. También I. GEBARA – M. C. BINGEMER, María, mujer profética. Ensayo teológico a partir de la mujer y de América Latina, Ediciones Paulinas, Madrid 1988,83.

[9] Cfr., Ibid., 312.

[10] Ibid., 315. “al recordarla dentro de la nube de testigos, las mujeres sacan muchas y diferentes lecciones de estímulo en su compañía. Una de las más potentes y menos usuales dentro de la mariología tradicional es el derecho a decir no”. Ibíd.

[11]Citada en Ibid., 315.

[12] Ibid., 315. Las cursivas son de la autora.

[13] Cfr., M. NAVARRO PUERTO, María, la mujer. Ensayo psicológico bíblico, Publicaciones claretianas, Madrid 1987, 105.

[14] Cfr., Ibíd., 106-107.

[15] José C. R. GARCIA PAREDES, Mariología, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1995, 94. También Bruno FORTE, María, la mujer icono del misterio. Ensayo de mariología simbólico-narrativa, Ediciones Sígueme, Salamanca 1993, 85.

[16] I. GEBARA – M. C. BINGEMER, María, mujer profética…79.

 

¿Cuáles son los evangelios sinópticos?

evangelios sinópticos

En sentido absoluto, no hay más que un Evangelio, pero la figura de Jesús no podía ser encerrada en un único libro. Ésta es la razón por la que hay cuatro evangelios: según san Mateo, según san Marcos, según san Lucas y según san Juan. Cada evangelio es un conjunto único y devela, a su modo, el misterio de Jesús. Cada uno de ellos no intenta ser un reportaje en directo sobre la vida de Jesús. De hecho no son denominados “vidas de Jesús”, ni “historias de Jesús”, sino “Evangelios”. Esto significa que siendo escritos después de Pascua, se hallan iluminados por la fe en el Señor resucitado. Sus autores, con un método peculiar adaptado al fin que cada uno se proponía, seleccionaron algunas de entre muchas tradiciones, reduciendo a síntesis otras, y explicando otras de acuerdo al estado de las iglesias.

Los evangelios de Mateo, Marcos y  Lucas son los denominados evangelios sinópticos pues estos tres, dispuestos en tres columnas paralelas, pueden ser leídos conjuntamente (sinopsis). El evangelio de Marcos es el más antiguo, siendo Marcos el creador del género literario “evangelio”. Éste ha servido de base para la formación de los otros dos. Es por esto que poseen gran cantidad de versículos comunes, y en los tres se halla el mismo esquema de la vida pública de Jesús: un largo viaje de Galilea a Jerusalén (no siendo éste el orden cronológico de la vida misma de Jesús, sino que responde a un orden objetivo de los autores). A pesar de estas similitudes  se encuentran algunas diferencias en el contenido, por ejemplo: en Marcos casi no encontramos discursos, Mateo reúne en seis grandes discursos las sentencias de Jesús, y en Lucas, las encontramos repartidas por todo el evangelio. En Marcos no aparecen los relatos de la infancia y la genealogía, y en Mateo y Lucas son muy distintos, buscando, cada uno, resaltar distintas cosas. También encontramos diferencias en los relatos de la resurrección al igual que material propio en cada uno.

 

BIBLIOGRAFÍA:

-          CISTERNA, Félix Eduardo, EL evangelio de Marcos, Editorial Claretiana, Buenos Aires 2000, 3-9.

-          RIVAS, Luis Heriberto, ¿Qué es un evangelio?, Editorial Claretiana, Buenos Aires 2001, 7-24.

-          BAUDÓZ, Jean-François, Lectura sinóptica de los evangelios. Cinco ejercicios de lectura, CB 103, Verbo Divino, Navarra 2000, 5-7.

 

La verdadera sabiduría (1Cor 2,6-16)

San Pablo escribiendo la carta a los corintios

San Pablo escribiendo la carta a los corintios


Luego del fracaso en Atenas (Hch 17, 16-34), comenta Pablo en 1Co 2,3 que llegó a Corinto “débil y con mucho temor y temblor”. Como en la mayoría de los casos, comenzó su predicación en la sinagoga (Hch 18, 4), pero a causa de la oposición de los judíos y la acusación frente a Galión, (Hch 18, 12-17), debió orientar sus palabras a los gentiles.[1] Luego, durante su estancia en Éfeso (Hch 19, 1-40), le llegan noticias por “los de Cloe” (1Co 1, 11)[2] de divisiones existentes en la comunidad, irregularidades morales y en las asambleas, entre otras cosas, por lo que inmediatamente les escribe además de enviar a Timoteo. Decide enviarles un escrito de mayor amplitud, ya que con anterioridad parece haberles escrito otra carta sobre ser precavidos en relación al trato con los impuros de la comunidad (1Co 5,9.10).

1ra Corintios es probablemente una de las cartas más leídas de Pablo, por los problemas tan concretos que toca en la comunidad de Corinto, que curiosamente, se parecen en mucho a los de ciertas comunidades actuales.

Cuando se comparan las dificultades de las comunidades paulinas con las de las iglesias de hoy, descubrimos la increíble actualidad de las  cartas paulinas, especialmente de 1ra Corintios. En ella podemos ver el modo como resolvían esas dificultades los primeros cristianos. Por eso esta carta, mas que un desarrollo teológico, presenta un diálogo entre una iglesia que procura ir viviendo según el Evangelio y los consejos del Apóstol desde la distancia.

San Pablo es uno de los primeros cristianos en una situación similar a la nuestra: sin conocer a Jesús en su vida terrena, ansía que el transcurso de su existencia corra en intimidad con el resucitado[3].

Las cartas a los cristianos de Corinto son muy importantes, porque nos proporcionan una buena imagen de una comunidad cristiana formada por gentiles convertidos en una gran urbe.[4] Abarcan la vida práctica de la comunidad, y brindan una exposición muy clara del debido comportamiento de una comunidad cristiana en una gran metrópoli, cuyos problemas se continúan repitiendo a lo largo de la historia hasta la actualidad, aunque quizás de distinta forma.

Diferenciándose de la carta a los romanos, las cartas a los corintios no nos ofrecen una exposición sintética de la doctrina cristiana, sino más bien, sobre las preocupaciones y problemas concretos de la comunidad cristiana de los primeros tiempos. Poseen una gran importancia por la maravillosa unidad que presentan entre doctrina y vida. Manifiesta claramente cómo, la visión cristiana, puede y debe impregnar hasta el aspecto más insignificante de la vida cotidiana.

“El apóstol se dirige a unos hombres concretos, queriendo informar su vida concreta con la fuerza vivificante de la fe y de los sacramentos.”[5]

En la antigüedad, existía una diferencia entre lo que era una carta y una epístola. La primera sería el caso de darse una situación concreta, por ejemplo: Gálatas. La segunda sería el caso de Romanos, por ejemplo, son escritos tratando algún tema teórico sin tanta relación con algún tema particular.

En general, las de Pablo son cartas, no epístolas, sin embargo el apóstol aprovecha la ocasión para ir “pastoreando”. Algunos autores dicen que no son, ni puramente carta, ni puramente epístola.

 

La primera carta a los cristianos de Corinto, es dividida por la mayoría de los autores en cinco partes principales que no guardan entre sí mucha conexión:

-          en la primera parte, una breve introducción (1, 1-9);  luego contra las divisiones existentes en la comunidad (1, 10-4, 21), argumenta aquí contra la estima exagerada en que se tenía a la sabiduría terrena, contraponiéndola a la verdadera sabiduría que proviene del Espíritu, necedad a los ojos de los que no creen. Pone de relieve la armonía que reina entre él y Apolo, contraponiendo el cristianismo “corinto” del verdadero apostólico;

-          en la segunda parte, diserta sobre problemas concretos que se dan en la comunidad, incesto (5, 1-13), litigios en tribunales paganos (6, 1-11), vida sexual (6, 12-20);

-          en la tercera parte (7, 1-11, 1), trata de ciertos problemas que los mismos corintios le habían consultado;

-          la cuarta parte (11, 2-14, 40) es sobre directrices que deberán regir las asambleas comunitarias,

-          y la última parte, sobre la resurrección de los muertos (15). Finalmente, en el c. 16, la conclusión epistolar con exhortaciones y saludos.[6]

 

Como puede apreciarse a grandes rasgos,  la carta contiene una parte dogmática (a pesar de no ser un tratado teórico específicamente), y una parte parentética, exhortativa. Dentro de la primera se ubicaría el texto de 1Co 2, 6-16, como lo que se denomina segunda tesis de Pablo sobre la verdadera sabiduría.

 

 

1Co 2, 6-16[7]

6 Sin embargo, hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero no de sabiduría de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la ruina;

7 sino que hablamos de la sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por  Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra,

8 desconocida de todos los príncipes de este mundo –pues de haberla conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria-.

9 Más bien, como dice la Escritura, anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman.

10 Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios.

11 En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce el Espíritu de Dios sino el Espíritu de Dios.

12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado,

13 De las cuales también hablamos, no con palabras de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales en términos espirituales.

14 El hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede conocer pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas.

15 En cambio, el hombre de espíritu lo juzga todo: y a él nadie puede juzgarle.

16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.

 

 

Análisis

Las cartas a los corintios poseen gran importancia sobre todo por los ejemplos que aportan de una penetración cristiana en la vida práctica. Pero no debe desmerecerse el gran aporte que recibe también la doctrina de la fe. En este texto, se destaca el siguiente: manifiesta la majestad divina que encierra la verdad cristiana, más allá de cualquier sabiduría humana; lo que judíos y gentiles ven como debilidad, Pablo lo muestra como la auténtica fuerza[8].

Pablo se niega a utilizar los razonamientos de los sabios (2, 2), resaltando que quien únicamente actúa es Cristo, y él es lo único que debe predicar. Sin embargo esto no significa que él sea incapaz de manejar otro lenguaje más elocuente, sino que los cristianos de Corinto no están preparados para éste.

1Co 2, 6-16, se sitúa en la Sagrada Escritura bajo el título de: “Sabiduría del mundo y Sabiduría cristiana”. En este marco viene Pablo hablando de la originalidad del mensaje cristiano. A los ojos de Pablo, hasta la venida de Cristo, todos los hombres han tenido la oportunidad de conocer a Dios por la inteligencia, a través de la creación. Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador, «Dios de los dioses» y «Señor de los señores» ( Sal 135, 2-3).

Y sin embargo no supieron aprovecharla, lo que también se expresa ampliamente en los primeros capítulos de la carta a los romanos (Rom 1,20). Por deslumbrarse con la sabiduría humana, los griegos, y exigir la manifestación del poder divino, los judíos, y ambos, confundir al Creador con la criatura, Dios responde con la cruz como camino de salvación instituido en Jesucristo. “…no ya un camino de poder (los milagros), sino un camino de debilidad; no ya una camino de sabiduría, sino un camino de locura.”[9] Por la locura y la debilidad, finalmente se ha llegado a la verdadera sabiduría y al verdadero poder. “Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina más fuerte que la fuerza de los hombres” (1Co 1, 25).

En los v.6 al 16, Pablo enseña a los corintios a partir de sus descubrimientos personales, expresado en el “nosotros” que caracteriza todo el pasaje. Invita a los corintios a compartir con él las enseñanzas apostólicas[10].

 

v.6 El mensaje del apóstol es una necedad a los ojos de este mundo, pues la sabiduría que él predica no es de este mundo. Al referirse a “los perfectos”, no trata de aludir a un grupo esotérico de iniciados, los cuales solían denominarse así dentro de la filosofía mística o teología de los misterios; sino a los que han alcanzado el pleno desarrollo de la vida y el pensamiento cristianos (14, 20).En este mismo sentido hace mención a los perfectos en Flp 3, 15. Esta expresión se encuentra en concordancia con el mandato de Jesús de ser perfecto al joven rico, aconsejándole vender todas sus posesiones y darles a los pobres, para luego seguirlo y tener un tesoro en los cielos. Esto significa la plena coherencia de vida con la aceptación del Reino de Dios[11]. “Los perfectos” se identifican con los espirituales a los que Pablo contrapone “los niños en Cristo” (3, 1). Serían aquellos “…que confiesan por el testimonio de la virtud, que la cruz de Cristo es sabiduría [...] ‘sabiduría no de este mundo’, sino del venidero, en el que la verdad de Dios se hará patente a los que lo niegan.”[12]

Cuando habla de “príncipes de este mundo” alude a las autoridades humanas, o a las potencias del mal o demonios, o incluso a ambos, ya que los primeros se hallan dominados por los segundos. Al introducir en el mundo el pecado y al muerte como su consecuencia, el diablo ha hecho al hombre cautivo de su tiranía, pero este dominio es el que Jesús ha venido a suprimir (Lc 4, 6; Jn 12, 31).

La “sabiduría de este mundo”, produce en los oyentes adhesión puramente humana. Pablo rechaza ésta y pretende que su palabra sólo manifieste la acción del Espíritu, la cual exige una adhesión del espíritu.[13]

En cuanto a los príncipes de este mundo, A. Feuillet encuentra una referencia en el Antiguo Testamento, en dos series de textos: Is 29, 14; 33, 18; 19, 11-12 y en el libro de Baruc (Bar 3, 9; 4, 4). Estos príncipes no conocen la sabiduría, la única que poseen es la sabiduría terrena. Pablo cita algunos de estos textos de Baruc, para combatir la sabiduría meramente humana que tentaba a los corintios. Lo importante es que éstos serán aniquilados (“abocados a la ruina”,  2, 6), anunciando ya lo que dirá en 1Cor 15, 24.

 

v.7 La sabiduría que predica Pablo es misteriosa porque deriva de Dios, pero no lo es en un sentido enigmático, sino que su objeto es el misterio, el secreto del designio de salvación realizado en Cristo. Misterio se relaciona con lo secreto, aquello que Dios nos ha contado especialmente por su misericordia. Es oculto en el sentido de que es íntimo, interior a nosotros mismos. No se sabe de dónde viene y es como decir algo, pero no todo, es un gesto que expresa, pero a la vez oculta. “La sabiduría de Dios está escondida, porque no está en las palabras, sino en la fuerza; no está al alcance de la razón humana, sino que ha de ser creída por la fuerza del Espíritu…”[14]

Dios confía y crea en nosotros esa capacidad de confianza, para ser destinatarios de su misterio. Este misterio se revela tanto en la doctrina como en la práctica de la vida cristiana. Pablo toma esta palabra de la apocalíptica judía (Dn 2, 18-19), es la idea de un misterio lleno de sabiduría, oculto en Dios durante siglos y ahora revelado en Cristo[15]. Para Pablo, Cristo ocupa el lugar de la Sabiduría personificada ya en el Antiguo Testamento. Toma un texto de Baruc, y hace una pequeña transposición para hablar de Cristo en los mismos términos[16]. Desde toda la eternidad esta sabiduría está predestinada para los cristianos, es la sabiduría del crucificado[17].

San Pablo llama ‘sabiduría’ a todo el discurso sobre la cruz que es la misma economía de salvación.[18]

 

v.8 Las potestades de este mundo ignoraban el plan salvífico de Dios, por eso indujeron a los hombres a crucificar a Jesús, ellas no han penetrado el alcance de la cruz, no sabían que al crucificar a Jesús acarreaban su propia aniquilación. Pero si Cristo no hubiese muerto, no hubiese muerto la muerte. Así Cristo venció al diablo en su propio dominio.[19] El Señor de la Gloria significa, el mismo esplendor del poder de Yahvé, atributo incomunicable. “Pablo, calificando a Jesús de “Señor de la Gloria”, implícitamente le pone en el mismo rango que a Yahvé.”[20]. “La gloria revela, manifiesta, desenmascara, expone la acción de los jefes de este siglo y la hace aparecer en oposición con la voluntad de Dios. La gloria crea un vínculo de comunión mostrando y realizando la presencia de Cristo, subrayando que el hombre crucificado es el Dios de la gloria, cuya victoria aparece plenamente en la resurrección.”[21]

Ya en Bar 3, 14, aparece el consejo sobre la sabiduría y el regirse según la prudencia para no perecer, a la vez que recalca que ningún esfuerzo humano puede alcanzar la sabiduría, pero Dios la posee y se la ha dado a Israel en la ley[22].

 

v.9 En este versículo el apóstol hace mención de la Escritura pero no se encuentra del todo claro a qué pasaje se refiere, ya que no se puede localizar exactamente en el A.T. Justamente aquí la sabiduría de Dios se encuentra relacionada en definitiva a la gloria, es decir, la cruz de Cristo es en realidad la consumación del designio salvífico de Dios. Algunos argumentan que el apóstol cita aquí un libro no canónico, que podría ser el Apocalipsis de Elías, o bien, alguna combinación de Is 64, 3 y Jer 3, 16. No es del todo improbable que Pablo utilice libremente la cita de Isaías, realizando una aplicación un tanto laxa, ya que esto no contradice el proceder del apóstol en otros lugares[23]. También parece relacionarse a un texto de Si 1, 10 donde habla de un beneficio de Dios para los que le aman, bajo el título de “Origen de la sabiduría”. Se encuentra un pensamiento análogo en Prov 30, 1-4 y Job 28.  En este último se habla de una sabiduría inaccesible al hombre, rigurosamente trascendente, que encarna el misterio de los caminos de Dios, que se confunde con el atributo divino, y a la vez, es personificada.[24]

Según H. Windisch, para Pablo, Cristo es el portador, revelador y mediador de la sabiduría divina. Cuando comprendió que Jesús era el Mesías, no tardó en reconocer en Cristo a la sabiduría de Dios, teniendo en cuenta de este modo la tradición y renovándola al mismo tiempo.[25]

“Lo que Dios preparó para los que le aman”, es lo que nadie ha visto, nadie ha oído, y ningún corazón humano ha concebido. Estas realidades futuras no poseen semejanza con nada de este mundo. La encarnación del Hijo de Dios es algo impensable para la inteligencia humana, mucho más aún, la redención por la crucifixión. Es lo que Dios nos revela por la gratuidad de su gracia, lo que nos mantiene en la Alianza que Él ha establecido con los creyentes, que son los que le aman. La crucifixión va a ser el punto central de este misterio. Dios nos ha revelado en su Hijo la verdad de la humanidad. Resucitando a Cristo, Dios manifiesta su presencia activa y salvadora, que conduce a su pueblo hacia su objetivo.[26]

 

v. 10 Pablo opone la fuerza del Espíritu al poder persuasivo de la oratoria, con la certidumbre de que la predicación humana apostólica recibe toda su fuerza del Espíritu. Con este don del Espíritu de Dios, los cristianos son elevados por encima de cualquier conocimiento humano, y son hechos partícipes de los designios salvíficos de Dios. Esta sabiduría es superior, porque proviene de Dios, no es resultado de ninguna iniciativa humana, es puro don del Espíritu. Aquí Pablo se dirige a los cristianos “adultos”.

Aquellos a los que se les ha dado el Espíritu de Dios, pueden indagar las profundidades de la divinidad, volviéndose, por la gracia, capaces de reconocer el misterio al que se refieren las profecías.[27]

Este pasaje se encuentra relacionado con 2Cor 13, 13, donde se menciona la comunión dentro de la Santísima trinidad dada por el mismo Espíritu Santo, el cual hace participar también a los cristianos de esa comunión. Recuerda también el pasaje de Jn 14, 26, cuando Jesús anuncia que luego de su partida vendrá el Paráclito, enviado por el Padre, para recordar su palabra y hacer presente al mismo Cristo. Es el espíritu de verdad que trae la verdadera sabiduría, y hará comprender todo lo que no había sido comprendido.

La “ciencia” sobre Dios va más allá de nuestra búsqueda, sólo Dios puede revelar a Dios, porque sus misterios no pueden ser alcanzados sin su Espíritu.

 

v. 11 Sólo el Espíritu de Dios conoce por completo sus planes secretos, ninguna inteligencia humana puede penetrar en ellos, lo mismo que nadie puede violentar la entrada al santuario que es el alma racional del hombre, que es la única que puede conocer sus pensamientos secretos. Este versículo posee un vinculo cercano con Prov 20, 27: “la lámpara de Yahvé es el hálito del hombre que explora hasta el fondo de su ser”, sólo Dios, aparte de la propia conciencia, puede penetrar en los pensamientos del hombre. Ese hálito es el principio de vida que Dios insufla al hombre en Gn 2, 7 luego de formar su cuerpo[28].

 

v.12 El espíritu de este mundo es profano y enemigo de Dios, por lo que los cristianos nada tienen que ver con él. Por el contrario, han recibido el Espíritu de Dios, por pura gracia de Dios, que conoce los misterios divinos porque procede de Dios. Es la fuerza de este Espíritu, la que los hace participar de las revelaciones beatificantes de la gracia de Dios.[29] Aquí se puede relacionar este pasaje con el himno a la sabiduría misericordiosa de Rom 11, 33+, estas revelaciones beatificantes de la gracia son “…abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios!”, de Él y para Él son todas las cosas porque sólo a Él pertenece la sabiduría misericordiosa; sus designios son insondables, como lo expresa el Sal 139, 6,17, ciencia misteriosa que jamás podremos alcanzar por completo en esta vida terrena. “Los que aman a Dios, son conocidos de Dios y conocen los dones de su gracia”[30].

 

v. 13 La sabiduría humana de nada sirve para expresar algo que la excede y la trasciende inmensamente. Para hablar de la sabiduría divina, es necesario el Espíritu de Dios, para ser congruentes con la predicación. La última frase: “expresando realidades espirituales en términos espirituales” quiere decir ser coherente con lo que se predica, es decir, al hablar de Dios no se debe pretender hacerlo con la sabiduría de este mundo, que es insuficiente e inadecuada. Sólo el Espíritu de Dios puede habilitarnos para hablar de Él. Por “espiritual” Pablo se refiere al hombre que ha recibido la sabiduría superior. El apóstol debe predicar con discernimiento espiritual, poniendo de relieve la verdadera fe. Lo que quiere recalcar es que éste es independiente de los juicios de este mundo. Si su predicación obtiene algún fruto, es únicamente por la fuerza del Espíritu que actúa en él.

 

v. 14 Sólo aceptando lo que viene del Espíritu el hombre puede alcanzar la verdadera sabiduría. En el marco de este pasaje, “El alma no es un elemento del ser humano sino ese ser en la situación ordinaria de alma viviente, que es la que tiene en la creación (Gn 2, 7; 1Cor 15, 45)”[31]. “Dios nos dio una mente para que nosotros pudiéramos aprender y recibir su ayuda, no para que se vuelva autosuficiente. [...] si mi alma escoge ver sin el Espíritu, se vuelve un peligro para sí misma”[32]. Pablo llama natural al hombre que se rige sólo por sus propios razonamientos. El hombre abandonado sólo a la propia naturaleza, no podrá jamás captar la verdad de Dios, solo con el Espíritu puede conocerlas y juzgarlas. La fe, como don de la gracia misericordiosa de Dios, supone una afinidad espiritual con la verdad y nos permite ser de sus ovejas y participar de sus planes (Jn 10, 26). Si el hombre no se encuentra habitado por el Espíritu de Dios, las cosas divinas son necedad para él.

 

V. 15 Dios es inasequible al hombre si éste no es habitado por la gracia del Espíritu, por eso el hombre “espiritual” es superior, porque está capacitado por el don de Dios, puede juzgar esencial y válidamente todas las cosas de este mundo, e incluso conocer a Dios, aunque por pura gracia divina. Los hombres “psíquicos”, que no poseen el Espíritu de Dios pasan por alto la realidad sobrenatural, por eso Dios es inasequible para ellos[33]. Por eso cuando Pablo dice “nadie” se refiere al “que no sea espiritual”, lo que serían los corintios: “carnales”[34] (3, 1-3). Aunque en el cap. 14, va a establecer ciertas reglas a las que los espirituales deberán acomodarse.

Para Pablo la psyjé es el principio vital que anima el cuerpo, pero no es más que un principio natural que ha de desaparecer ante el pneuma para que el hombre encuentre de nuevo la vida divina, que alcanzará su plenitud después de la muerte. De natural o psiquico, el cuerpo se hace entonces pneumático, inmortal.[35]

 

v.16 La búsqueda del conocimiento humano se estrella contra el totalmente inaccesible. Aquí Pablo cita, aunque libremente, a Is 40, 13: “¿Quién abarcó el Espíritu de Yahveh, y como consejero suyo le enseñó?”, Al igual que en  Rom 11, 34: “¿Quién conoció el pensamiento del Señor? O ¿Quién fue su consejero?”, nadie puede conocer la mente del Señor, como lo dijo Isaías, pero Pablo agrega sin embargo que los cristianos poseen “la mente” de Dios, que no es otra que la de Cristo. Libremente, Pablo intercambia el concepto de espíritu del texto veterotestamentario por el de mente. También en 1Cor 7, 40, manifiesta que por la fe en Cristo, el cristiano tiene el Espíritu de Dios. A pesar de todo, “los ‘espirituales’ no pueden de ningún modo formar un grupo aparte ni reivindicar una sabiduría superior a la del Apóstol.”[36]

 

 

Aplicación

Es increíble la actualidad de las palabras de Pablo, a pesar de que fueron escritas a mediados del siglo I d.C.

Toda la primera carta a los corintios posee gran valor para los cristianos del tiempo actual, ya que abarca temas y problemas que hasta el día de hoy se presentan en las comunidades cristianas. Al ser informado por algunos fieles de la existencia de divisiones dentro de la comunidad, reacciona contra ello y da su opinión, lo mismo que sobre otros problemas o malentendidos que se le presentan. Va tocando variados temas que parecen no tener mucha conexión entre ellos, sin embargo son de gran interés porque tratan sobre aspectos muy concretos de la vida de la iglesia, a pesar de que el conjunto del texto carezca de un hilo conductor.

Los cristianos de Corinto, al igual que los actuales cristianos que habitan en grandes ciudades (como lo era Corinto en aquella época), se hallaban constantemente tentados por el anhelo de adquirir una sabiduría que pretendiera abarcar toda la realidad, inclusive a Dios. Es la permanente tentación del hombre de poseer la omnipotencia del saber, tratando de apoderarse de aquello que conoce. Pero la verdadera sabiduría, la que proviene de Dios, que Él nos da por el don de su gracia, es misteriosa, escondida (2, 7). Las profundidades de Dios no pueden sondearse sin la ayuda del Espíritu de Dios. Sobre todo a partir de la modernidad, ha obsesionado al hombre la idea  de conocer toda la realidad por las solas fuerzas de la razón humana, independizándose de la revelación por la que Dios nos llama a participar de su propia sabiduría; ignorando también que todo conocimiento humano no es más que una participación de la sabiduría divina, presente en toda la creación. Peor que esto es la tentación de pensar que es imposible conocer la verdad y renunciar a su búsqueda, otra negativa tentación de la actualidad.

Pablo nos enseña que la única verdadera sabiduría es la de Cristo, y éste crucificado. El mensaje de la cruz, con su aspecto de debilidad, sin embargo realiza la salvación de una manera que parece loca ante los ojos de los hombres que creen conocer, pero sólo lo hacen con un conocimiento puramente humano, y por tanto escaso y que camina hacia su fin.

El hombre naturalmente, es decir por las solas fuerzas de su inteligencia terrena, no puede alcanzar el pleno conocimiento de Dios, a pesar de que podría haberse alcanzado  cierto conocimiento de Dios por la contemplación del mundo (Rom 1, 19-20), del que Sab 13, 1-9 menciona como un reflejo de la sabiduría divina. Por eso ahora necesitamos el don del Espíritu de Dios porque sólo por Él podemos conocer lo íntimo de Dios (Sab 9, 13).

Este pasaje de 1Cor, es fundamental, sobre todo para aquellos dedicados a la reflexión teológica, ya que no es nada difícil caer en la tentación de pretender comprender y poseer a Dios sólo con la propia inteligencia. Además siempre se corre el riesgo de gloriarnos de poseer esa sabiduría divina que sólo nos ha sido dada por el don del Espíritu.

Dios confía y deposita su palabra en nosotros, por tanto la sabiduría nos viene de Él, y es por esto que no podemos hacer alarde de ella. En el momento en que el hombre se gloría de poseer ese secreto, pierde la confianza depositada en él.

Los cristianos, por el hecho de saber que han sido llamados a una vocación especial, y para ello han recibido el Espíritu de Dios, jamás deberán considerarse un grupo selecto o superior, tentación muy presente en la actualidad, que intenta constantemente ése “separarse”, y colocarse en un puesto privilegiado de “elegidos”, (lo que se ve claramente en el caso de la innumerable cantidad de sectas que proliferan en la actualidad).

“El discurso de la cruz se dirige a todos sin distinción (Cfr. 1Cor 9, 22); nadie, ni en  la tierra ni en el cielo (1Cor 2, 8-9), puede descubrir la acción de Dios más que en dónde Él la ha revelado: en Cristo crucificado.”[37]

Los creyentes, deberán tener siempre presente, que toda sabiduría y todo                                                             privilegio, les ha sido otorgado únicamente por la gracia misericordiosa de Dios.[38]

 

 

Conclusión

 

La experiencia de Pablo que descubrimos a través de sus cartas, especialmente en este caso, en 1Cor, interpela a todos los cristianos de hoy a vivir como responsables en sus comunidades, desarrollando una fe inventiva, inteligente, pero por sobre todo, fraternal.

Con su actitud de misericordia Dios no sólo manifiesta su propio ser, sino que nos enseña como debemos comportarnos, con Él, y  como comunidad.

La destrucción que causa la soberbia (generada por la idea de la posesión de una sabiduría que en realidad no es más que humana), es tan grande, que no sólo nos hace olvidarnos pronto de Dios, sino que además distorsiona nuestra relación con el cosmos y nuestros hermanos.

Dios es tan grande que no sólo quiere salvarnos, sino que además nos hace participar, a través de esta salvación, de su propia sabiduría, que no es otra que la de la primacía de la caridad. Es importante destacar que esta extraordinaria misericordia de Dios conlleva una exigencia de responder en el amor, mediante la consagración plena al Padre en nuestra vida cotidiana.

Las cartas a los cristianos de Corinto, ofrecen un enorme aporte sobre la penetración cristiana de la vida cotidiana, pero otorgan también un gran caudal a los conocimientos fundamentales de la doctrina de la fe, como por ejemplo: la majestad divina de la verdad cristiana. La sabiduría humana es vana al lado de la verdadera sabiduría del Espíritu que regala a los hombres a través de la gracia.

El hacerse cristiano implica adquirir una visión nueva sobre toda la realidad, lo que significa ver las cosas como realmente son, y esto es lo que Pablo pretende hacerles entender a los corintios. La vida cotidiana del cristiano tiene particular importancia delante de Dios, por eso han de vivir según Cristo cada día. En esto consiste la sabiduría cristiana, en saber gobernar cristianamente la existencia cotidiana, y Pablo lo explica por una serie de ejemplos concretos. Quiere que la comunidad ordene su vida en el espíritu cristiano.[39]

“Pablo configura la vida sencilla en el espíritu del Evangelio. No hay acontecimiento alguno tan insignificante que, con una visión cristiana, no pueda alcanzar una importancia totalmente nueva e inesperada; no hay ninguna oscuridad que la luz de Cristo no pueda penetrar e iluminar.”[40]

La sabiduría de Dios es tan inconmensurable que a su lado toda sabiduría humana parece necedad.

Debemos seguir por esto la humildad del apóstol y decir junto con él lo que en 1Cor 2, 9.12:

“anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman”, “nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado”.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

  • BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclee de Brouwer, Bilbao, 1976.
  • CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios. CB 66. Verbo Divino. Estella 1997.
  • COTHENET, Édouard. San Pablo en su tiempo. CB 26. Verbo Divino. Estella 1997.
  • KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas. Barcelona. Herder. 1976.
  • MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento 7.1-2 Corintios. Madrid. Ciudad Nueva. 2001.
  • QUESNEL, Michel. Las cartas a los Corintios. CB 22. Verbo divino 1997.

 


[1] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas. Barcelona. Herder. 1976. p 175-176.

[2] Probablemente “…familiares o esclavos de una cierta Cloe (=la Rubia, que era nombre de esclava), que por lo demás desconocemos, y que probablemente era una liberta (tal vez cristiana) pudiente, con residencia en Corinto o en Éfeso…”. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 189.

[3] Cfr. QUESNEL, Michel. Las cartas a los Corintios. CB 22. Verbo divino 1997.p 5.

[4] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 178.

[5] Ibíd., p 182.

[6] Cfr. Ibíd., p 179-180.

[7] Tomado de la BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, pp. 1300-1302.

[8] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 183.

[9] QUESNEL, Michel. Las cartas a los Corintios. CB 22. Verbo divino 1997.p 20.

[10] Cfr. CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios. CB 66. Verbo Divino. Estella 1997, p 15.

[11] La perfección que se contempla en las palabras de Jesús, no es la de una categoría de cristianos superiores, sino que es la de la nueva economía que Él ha instaurado dándole cumplimiento a la antigua, a la vez que superándole. Todos somos por igual llamados a esta perfección, aunque solo algunos son llamados a cumplirla radicalmente, renunciando a la familia y las riquezas. Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1416.

[12]MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Nuevo Testamento 7.1-2 Corintios. Madrid. Ciudad Nueva. 2001. p 60.

[13] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1635.

[14] MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia... p 61.

[15] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1631.

[16] Cfr. CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios. CB 66. Verbo Divino. Estella 1997, p 15.

[17] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 199.

[18]Cfr.  MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia… p 61.

[19] Cfr.  Ibíd., p 62.

[20] BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1635.

[21] CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios… p 17.

[22] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1213.

[23] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas... p 200.

[24] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 685.

[25] Cfr. CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios… p 15.

[26] Cfr.  Ibíd., p 17.

[27] Cfr.  MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia… p 63.

[28] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 882.

[29] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 200.

[30] CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios…  p 17.

[31] Ibíd., p 16.

[32] Cfr.  MERINO RODRÍGUEZ, Marcelo. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia… p 65.

[33] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 201.

[34] Los términos: carne, espíritu, alma, cuerpo, son muy difíciles de definir. En el caso de Pablo, raramente utiliza el término “carne” en el sentido de materia corporal, como lo hace, por ejemplo en 1Cor 15: “resurrección de la carne”. En la mayoría de los casos hace referencia con este término, al hombre que se vale únicamente de sus propias fuerzas, sometido a sus impulsos, por tanto pecador. Con el término “alma”, se refiere al principio de vida biológica, tanto en el hombre como en los animales. El “espíritu” es la parte más noble del hombre, capaz de ser invadida por el Espíritu de Dios. Cfr. QUESNEL, Michel. Las cartas a los Corintios… p 21.

[35] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1650.

[36] CARREZ, Maurice. La primera carta a los Corintios… p 15.

[37] Ibíd., p 14.

[38] Cfr. Ibíd., p 15.

[39] Cfr. KUSS, Otto. Carta a los romanos. Cartas a los corintios. Carta a los gálatas… p 181-182.

[40] Ibíd., p 181.

 

La prostitución de la fe (Os 2, 4-25)

Ídolos y Amor de Dios (Os 2, 4-25)

El mensaje del profeta Oseas referente  a la idolatría, se manifiesta a través de un hermoso lenguaje de imágenes que se desarrolla comparando a Yahveh con el marido traicionado, quien a pesar de la injusticia realizada por su mujer (Israel), luego de un proceso acusatorio para hacerla entrar en razón, termina perdonándola. La imagen aquí presentada ha sido utilizada en numerosas ocasiones por los autores del Nuevo Testamento, haciendo eco de estas palabras al hablar de la misericordia divina.

Inevitablemente esta imagen del matrimonio nos recuerda la relación del mismo Cristo con su Iglesia, aludida numerosas veces por San Pablo, y podemos decir que bien podría aplicarse este texto a la relación entre nosotros, su Iglesia, con el propio Cristo, por lo que tal pasaje posee tremenda actualidad.

 

Libro (presentación)

El texto elegido es perteneciente al Libro de Oseas. Este profeta se encuentra ubicado en la época de oro de la profecía de Israel (siglo VIII). Pertenece a los profetas que dejaron su obra por escrito, llamados “profetas escritores”. El texto hebreo de este Libro no está muy bien conservado y muchos pasajes del mismo resultan poco inteligibles. De ahí que la traducción sea con frecuencia conjetural.

A pesar de ser un profeta del reino del norte, sus escritos fueron muy difundidos también por el reino del sur, ya que los refugiados de Israel se encargaron de esto, deseosos de que los conociera el reino de Judá[1]. El libro de Oseas puede tenerse por auténtico (es decir, que se remonta al mismo Oseas y a sus discípulos) casi en su totalidad, a excepción de algunas interpolaciones (sobre Judá, por ejemplo, realizadas por los refugiados de Israel que se encargaron de difundir su mensaje por el reino del Sur) como el título, Os 1,1, y otros fragmentos (Os 4,15; 6,11; 10,11[2];  también Os 2,1-3).

El hecho de que mencione siete veces explícitamente a Ba’al (Os 2, 10.15.19; 9,10; 11, 2.7; 13, 1) más otras menciones más o menos explícitas, nos da una pauta de la importancia que le da Oseas en su predicación a esta divinidad cananea[3].

Existía una búsqueda de una ruptura total con las estructuras vigentes en aquél entonces. Los profetas de la primera etapa eran más bien reformistas, en cambio, a partir de Amós se plantea un corte tajante, se debe “volver a nacer”[4]. Oseas es contemporáneo a Amós y vivió en el reino del Norte. Realizó su ministerio durante el reinado de Jeroboam II y sus sucesores. Era una época sombría para Israel por la corrupción religiosa y moral que se venía dando, las revueltas internas y las conquistas asirias de 734-732.

Su mensaje coincide en parte con el de Amós (denuncia de las injusticias y la corrupción, Os 4,1-2, y en la crítica al culto, Os 6,4-6; 5,6; 8,11.13), pero aporta varios temas nuevos. Condena con fuerza la idolatría, tanto cultual como política. Ataca el culto a Baal, que va en contra del primer mandamiento, y el culto al becerro de oro, en contra del segundo mandamiento (pretendiendo convertir al mismo Yahveh en ídolo).

También condena el buscar la salvación fuera de Dios, en las alianzas con las potencias extranjeras, y realiza una visión crítica del pasado, al cual no considera como “historia de salvación, sino, más bien, como historia donde Dios intenta salvar, pero encontrando siempre una respuesta negativa del pueblo[5].

Con audacia y pasión el “alma tierna y violenta  de Oseas expresa por vez primera las relaciones de Yahveh y de Israel con terminología de matrimonio”[6]. Se puede decir que su libro presenta una obra genuinamente teológica ya que crea un nuevo discurso para hablar de las relaciones entre Dios y su pueblo, en el plano del amor humano. Realiza una gran innovación al utilizar las imágenes de “marido-mujer”, “padre-hijo”, entre otras, a medida que va elaborando este nuevo discurso con las concepciones y lenguaje de su tiempo[7]. Entre sus características literarias se encuentra el abundante empleo de imágenes, tomándolas tanto del mundo de las relaciones humanas, como del mundo animal, o vegetal (cabe decir en este punto que el profeta no confunde la imagen con aquello que quiere significar),  y el juego con el sentido de las palabras explotando sus asonancias[8].

Una de las temáticas de las que más se ocupa Oseas, es la de la infidelidad religiosa, ataca a quienes quieren convertir a Yahveh en objeto de culto idolátrico y asociarlo a Baal y Astarté[9]. En sus escritos presenta a Yahveh como un Dios celoso que no quiere compartir con nadie el corazón de sus fieles. Inevitablemente llegará el castigo, pero éste es siempre para purificar y salvar a su pueblo.

Su obra hizo eco en profetas siguientes como Jeremías, muy influenciado por él, al igual que el Deuteronomio. También aparece citado en el  Nuevo Testamento con bastante frecuencia, donde la imagen matrimonial de Yahveh y su pueblo son aplicadas a las relaciones entre Jesús y su Iglesia[10].

Mediante la sátira contra los ídolos, “no denuncia una expresión figurativa, sino una perversión: la criatura, en lugar de adorar a su creador, adora a su propia creación”[11].

 

Oseas 2, 4-25

La mayoría de los autores coinciden en marcar la primera unidad del libro en los capítulos 1-3, que gira en torno al tema del matrimonio y los hijos, con la presentación, como centro, de un pleito matrimonial y su resolución (Os 2, 4-25). Se encuentra ordenado de este modo, no por una disposición cronológica, sino por correspondencias simétricas, enmarcado por dos textos de matrimonio del profeta (Os 1,2-9 y 3,1-5).

Del capítulo dos de Oseas, los versículos 1-3, como ya se dijo más arriba, no se encuentran correctamente ubicados según la coherencia del texto, ya que se trata de un breve oráculo de plena restauración[12]. Este texto “es considerado por casi todos los contemporáneos como un texto tardío, como un oráculo de esperanza que recoge los grandes temas de la imagen padre-hijos.”[13]

Si bien se podría, a causa de estas características, delimitar el capítulo 2 de Oseas en tres secciones:

  • Os 2, 1-3  (oráculo que termina con un anuncio positivo en futuro haciendo mención de los hijos del profeta, donde no se menciona a la mujer)
  • Os 2, 4-17  ( donde el centro está ocupado por la imagen de la mujer y el proceso que se le realiza acusándola de adulterio/prostitución)
  • Os 2, 18-25  ( despliegue de la sentencia en tres pequeñas unidades: v18-19, el tema del nombre de Yahveh y los Baales; v20-22, Yahveh anuncia que va a restablecer la alianza con su pueblo; v23-25, que recogen los temas principales de los c 1-3 para deshacer lo que se había anunciado como castigo)[14]

Se ha tomado como texto a analizar las dos últimas secciones, ya que se encuentran en una secuencia de juicio y reconciliación que no parecía conveniente desligar porque manifiestan una unidad de sentido en cuanto a las relaciones de Yahveh y su pueblo. No todo termina en el juicio, la misericordia de Dios en más fuerte y convierte hasta el rechazo más grande en perdón y amor. Por otro lado la primera sección, como ya se dijo, se encuentra bastante desconectada de estos dos fragmentos.

 

El género literario de este fragmento sería el de oráculo de juicio (inspirado en el mundo jurídico), se trata de un proceso, como lo dice el v 4, seguido de la sentencia y la reconciliación.

Os 2, 4-25[15]

4 ¡Pleitead con vuestra madre, pleitead, porque ella ya no es mi mujer, y yo no soy su marido! ¡Que quite de su rostro sus prostituciones y de entre sus pechos sus adulterios;
5 no sea que yo la desnude toda entera, y la deje como el día en que nació, la ponga hecha un desierto, la reduzca a tierra árida, y la haga morir de sed!
6 Ni de sus hijos me compadeceré, porque son hijos de prostitución.
7 Pues su madre se ha prostituido, se ha deshonrado la que los concibió, cuando decía: “Me iré detrás de mis amantes, los que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mis bebidas.”
8 Por eso, yo cerraré su camino con espinos, la cercaré con seto y no encontrará más sus senderos;
9 perseguirá a sus amantes y no los alcanzará, los buscará y no los hallará. Entonces dirá: “Voy a volver a mi primer marido, que entonces me iba mejor que ahora.”
10 No había conocido ella que era yo quien le daba el trigo, el mosto y el aceite virgen, ¡la plata yo se la multiplicaba, y el oro lo empleaban en Baal!
11 Por eso volveré a tomar mi trigo a su tiempo y mi mosto a su estación, retiraré mi lana y mi lino que habían de cubrir su desnudez.
12 Y ahora descubriré su vergüenza a los ojos de sus amantes, y nadie la librará de mi mano.
13 Haré cesar todo su regocijo, sus fiestas, sus novilunios, sus sábados, y todas sus solemnidades.
14 Arrasaré su viñedo y su higuera, de los que decía: “Ellos son mi salario, que me han dado mis amantes”; en matorral los convertiré, y la bestia del campo los devorará.

15 La visitaré por los días de los Baales, cuando les quemaba incienso, cuando se adornaba con su anillo y su collar y se iba detrás de sus amantes, olvidándose de mí, – oráculo de Yahveh.
16 Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón.
17 Allí le daré sus viñas, el valle de Akor lo haré puerta de esperanza; y ella responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto.
18 Y sucederá aquel día – oráculo de Yahveh – que ella me llamará: “Marido mío”, y no me llamará más: “Baal mío.”
19 Yo quitaré de su boca los nombres de los Baales, y no se mentarán más por su nombre.
20 Haré en su favor un pacto el día aquel con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo; arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y haré que ellos reposen en seguro.
21 Yo te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y en derecho en amor y en compasión,
22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahveh.
23 Y sucederá aquel día que yo responderé – oráculo de Yahveh – responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;
24 la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen, y ellos responderán a Yizreel.
25 Yo la sembraré para mí en esta tierra, me compadeceré de “No-compadecida”, y diré a “No-mi-pueblo”: Tú “Mi pueblo”, y él dirá: “¡Mi Dios!”

 

Análisis

El centro del mensaje del profeta es el amor de Yahveh por su esposa infiel (el pueblo de Dios que se ha entregado a la idolatría). Él tratará de todas las maneras salvar su relación, incluso mediante el castigo, cuyo fin es justamente, purificar al pueblo, para restablecer la relación.

El matrimonio con dicha mujer significa que Yahvé es el esposo de un pueblo que adora a los Baales; la idolatría es una prostitución en el lenguaje profético, el castigo para la esposa es la purificación del pueblo. “A pesar de su dolor de marido lesionado, y de la costumbre de la época de castigar con la muerte a la mujer adúltera, por la fuerza del amor, va a obrar de tal manera que la mujer, Israel, reconozca (conocer) y responda a la vida que le ofrece su Dios”[16]. La alianza adquiere un carácter nupcial. La idolatría no solo es una prostitución; es adulterio, el de una esposa colmada, que olvida todo lo que ha recibido.

Oseas resume el simbolismo nupcial en imágenes expresivas para oponer la traición y la corrupción de Israel al amor eterno de Dios para con su pueblo.

Oseas sufre en sus sentimientos de esposo y de padre. A través de este sufrimiento suyo descubrirá el desinterés y la bondad que, transferido a Dios, constituye su pensamiento[17].

En el Antiguo Testamento se encuentran dos sentidos para la idolatría: uno que se puede dar dentro del mismo culto al Dios verdadero, y otro que hace referencia al culto a otros dioses. Este texto se circunscribe al primer sentido de la idolatría[18].

Se utilizan muy variadas imágenes y comparaciones a la hora de hablar de la infidelidad y el celo de Yahvé por la Alianza con su pueblo, como la del pastor que guía su rebaño, el padre que ama a su hijo, o el esposo que se apega a su esposa ( como en éste caso). Gracias a estas imágenes, la doctrina de la Alianza, toma un matiz que conmueve el corazón del hombre al descubrirle algo del “corazón” de Dios. Para mantener esta Alianza es necesario que Israel sea fiel al pacto y no ultraje a su Señor y Dueño haciendo fracasar sus planes[19] yendo tras los ídolos (cualquiera sean), quienes traen detrás el desconocimiento del Dios único, único que merece confianza,  ya que Él exige exclusividad. La fidelidad, que consiste en observar los preceptos de la Alianza (respuesta que el hombre debe al amor gratuito de Dios), es la prueba del amor auténtico  y libra al hombre de volverse esclavo de las cosas creadas[20].

Lo contrario a la fidelidad sería el adulterio y la prostitución de la “esposa”. Esto está relacionado con la práctica, tan difundida en los cultos cananeos, de la prostitución sagrada, con la cual se intentaba reproducir los gestos divinos en el acto primordial y originario que engendra la vida. Mediante esta forma consideraban que lograban una participación en la vida divina. Como testimonio contrario a dicha práctica, Oseas manifiesta las relaciones entre Israel y su Dios en el registro del amor humano. El encuentro entre las dos partes no se realiza a nivel del mito o del rito, sino que tiene lugar en la historia.[21]

La idolatría rompe aquella relación de alianza entre Yahvé y su pueblo, significa el poner la confianza en cualquier cosa que no sea Dios, en este caso, en los ídolos cananeos que falsamente “prometían” los dones de la tierra. Alrededor  de este punto se encuentra el corazón del mensaje de Oseas. A partir de su experiencia conyugal comprendió este aspecto de las relaciones entre Dios y su pueblo. Aquí,  la idolatría y la infidelidad no son solamente una ingratitud de hijo pródigo (Os 11, 1-9), sino un adulterio, abandono y traición de la Alianza, poniendo la esperanza en un ídolo[22]. Su consecuencia será fruto de muerte, porque significa el abandono de Aquél que es la vida.

El culto a Ba’al (peligro muy presente en este texto), supone la trasgresión del primer mandamiento, pues Dios no tolera rivales; además que, implícitamente, supone la confesión de que Yahvé no es Señor de la naturaleza, ni puede ayudar y salvar en todos los ámbitos de la vida.[23]

Se trata en este caso, justamente, del tema de la idolatría, ya sea a los Baales, o a las naciones extranjeras, por la que el pueblo de Dios se aparta de Él, buscando en donde nada hay lo que sólo Dios puede otorgarle, porque Él es el único dador de la vida verdadera, que es, en el fondo, el fin de toda búsqueda.

El pueblo está siempre en la tentación de olvidar a Yahveh. Ante la infidelidad del pueblo, la intención de Dios no es eliminar, sino, reconquistar, hacerlo volver.

Yahveh va realizando la purificación como por etapas. Dios vengará su amor ultrajado quitando a Israel todos sus dones anteriores (v 11); pero lo hace para moverlo a penitencia. Luego Dios traerá a sí a su “esposa” y la vinculará consigo por una nueva Alianza (v 17) que tendrá la frescura del primer desposorio (v 21-22).

El texto va hablando de lo que se acusa a la esposa, que es adulterio, prostitución, luego va planteando las posibles motivaciones de tal comportamiento. Todo esto nos lleva al

V 4 “…ella ya no es mi mujer, y yo ya no soy su marido!”. Sobre éste comenta San Jerónimo la clemencia del marido, que a pesar de estar ya repudiada la mujer, él se preocupa por que los hijos la hagan entrar en razón, e inclinarse a la penitencia[24].

El v 5 hace referencia al castigo de la vergüenza pública que será desarrollado mas adelante (v 11-12), que Ezequiel llama “pena de las adulteras” (Ez 23,29). También la compara con la tierra estéril, lo mismo que Jr  6,8 habla de convertir a Israel “en desolación, en tierra despoblada.” También el v 7 de Oseas posee un paralelismo en Jr 2, 25, donde se hace mención del hecho de irse tras los amantes (los ídolos y las potencias extranjeras), aparece en él el principal elemento de acusación: adulterio y prostitución, y se plantean las motivaciones por las que se va tras sus amantes, entre ellas esta la de buscar ayuda para sus problemas o necesidades (v 7.14.).  Amós 2, 4, en el mismo sentido habla de los que se extravían siguiendo la mentira, es decir, los ídolos.

El esposo, Yahveh, primero procura ponerle obstáculos a la esposa para imposibilitarle el encuentro con sus amantes (v 8), y así regrese al marido (v 9).

Jr 3, 22 se relaciona con Os 2, 9b, en  ambos se manifiesta la intención de volver hacia Yahveh reconociendo que Él es el verdadero Dios, quien nos puede dar aquello que necesitamos. En Jeremías se afirma “tu Yahveh eres nuestro Dios”, en Oseas dice la mujer: “voy a volver a mi primer marido, que entonces me iba mejor que ahora.” Este comentario de la esposa delata un amor interesado, en el fondo lo que verdaderamente busca en los amantes son dones. Se manifiesta en estos versículos que la religión de los Baales es puro interés. El marido (Yahveh) aprovecha esta situación para recuperar a su mujer. Este pasaje nos recuerda el Evangelio de Lucas, más concretamente la parábola del hijo pródigo (Lc 15,17-18), en estos versículos de Lucas resuenan las palabras de la esposa de Os 2, 9. Aquí se hace patente el reconocimiento de que se tiene necesidad de Dios y él es el único que puede darnos la vida, además de la seguridad de que nos recibirá. Una vez que se fracasó en pos de los ídolos, se produce el acercamiento al marido fiel.[25]

Os 2, 10a nombra los dones de la tierra que el marido da a la mujer sin que ésta se percate de que Él es quien se los brinda, “el trigo, el mosto y el aceite”, mencionados también en Dt 7, 13 como una bendición de Yahveh en honor a la Alianza. Al respecto también habla de los dones de Yahveh al pueblo fiel el Sal 144, 12ss.

La situación de los contemporáneos del profeta era la de un pueblo que arrastraba la idea de que Yahveh, el Dios de sus padres, era un Dios liberador, Dios de las montañas. Pero ellos vivían ahora una vida sedentaria, dedicados al cultivo, y se preguntaban quien era el que les otorgaba los frutos de la tierra. En la tierra donde se había instalado el pueblo se rendía culto y adoración a Baal, dios cananeo de la fertilidad a quien se rendía culto para lograr buenas cosechas, dios de la tempestad y de la lluvia, de la fertilidad y la fecundidad[26]. El v 10 plantea claramente la confusión  el pueblo.

Cuando se habla de los amantes se refiere a Baal. “Los israelitas querían venerar simultáneamente al Señor que los guiaba en la historia y a los Baales que los alimentaban con el ciclo de las estaciones. Esos cultos podían incluso contener prácticas d prostitución sagrada”[27]. Pero Yahveh es un Dios celoso y no admite ser adorado junto a otros dioses, además Él es el dueño de la tierra  y quien le da sus dones a su mujer. Ella va detrás de sus amantes buscando lo que solo Yahveh puede darle (Os 2,10).

Al igual que Os 2, 11-12, Ez 16, 37, menciona el descubrir la desnudez como castigo, incluso los amantes serán testigos de la vergüenza de la adúltera y no podrán ayudarla porque no tienen ningún poder, no son nada. Nada ni nadie puede librar de la mano de Yahveh, porque nadie arrebata nada de sus manos (Jn 10, 29). Busca castigarla con mayor dureza para que reaccione (v 12-14), sin embargo, contrariamente a lo prescripto por la costumbre jurídica de aquella época, que decía que la mujer adúltera debía morir apedreada, Yahvé no quiere su muerte, sino, la conversión del corazón de su esposa. Sin embargo todo termina siendo inútil, la esposa no deja de irse con sus amantes.

V 2, 13 habla de acabar con las fiestas, novilunios, con toda la alegría.  Semejantes a estas palabras son las de Is  1, 13-14, donde se expresa el rechazo de Yahveh de las solemnidades que le ofrecen falsamente a la vez que rinden honor a los Baales. Las solemnidades religiosas son día de encuentro con Dios, y los israelitas pretendían mantenerlas junto a los cultos de fertilidad, pero Yahveh no lo permitirá.

El viñedo y la higuera del v 14, hacen referencia a la paz y tranquilidad que gozaba su pueblo en tiempos de Salomón. Puede significar la prosperidad por la que transitaba el pueblo que se desvió del sendero de Yahveh, atribuyéndosela a los ídolos, mientras que la bestia puede hacer alusión  a una intervención de las potencias hostiles. Estas imágenes de la bestia y la viña aparecen también en Sal 80, 14-17, pero en este caso se trata de un ruego a la protección de Yahveh.

En este texto, uno de los grandes poemas del Antiguo Testamento, se trata de un proceso (v 15),  es Yahveh quien habla  sobre la infidelidad de su pueblo. Se queja de  porque han buscado en los ídolos, ya sean otros dioses, ya sean potencias extranjeras, lo que debían buscar en Él. Esta situación se ve iluminada por la vida de Oseas que contrajo matrimonio con una prostituta para cumplir con el mandato de su vocación, en su inmenso dolor de esposo despreciado descubre el reflejo de un amor mucho más profundo, que el de Dios para con su pueblo.

La mujer buscando soluciones donde no debía, corre tras los amantes olvidando a su marido (v 15). El amor compartido y el sincretismo llevan al olvido de Yahveh, al fin del amor, ya que este para ser verdadero exige exclusividad.

Pero no todo termina allí, termina triunfando el amor de Dios que se vuelve hacia su esposa para reconquistarla a pesar de todas sus infidelidades, la lleva al desierto donde no haya distracciones (v 16), donde puedan restaurar su relación recordando su noviazgo (noviazgo de Yahveh y el pueblo en el Éxodo. Cuando era joven en el desierto no conocía a los dioses extranjeros y seguía fielmente a Yahveh)[28]. “…Israel ha olvidado a Yahveh. Así Yahveh quiere llevarlo otra vez al desierto y hablarle al corazón”[29]. Vale destacar que aquí Oseas no habla de un arrepentimiento propiamente dicho de la esposa, la restauración del matrimonio es puro amor gratuito de Dios que decide perdonarla y salvarla (cuando Dios promete no se retracta, es fiel a la Alianza). Podría decirse que en este punto planta la semilla del Nuevo Testamento, la convicción de que Dios perdona antes de que se produzca la conversión, la misma se produce pero como respuesta al amor de Dios. Esta idea será tratada en el Nuevo Testamento por San Pablo en la carta a los romanos (Rom 5,8), lo mismo que San Juan (1Jn 4,10)[30].

Yahveh habla en un lenguaje de un amor despreciado que se rehúsa a romper la relación.

En los v 18-19, El profeta hace un juego de palabras con el nombre Baal, que significa “señor”, con el de marido (´yshy). El no pronunciar más el nombre significa romper por completo la relación con esa persona, (el nombre realmente hace presente a la persona).

V 20, por medio de la instauración de la justicia, triunfa la paz, tanto entre los hombres como con la naturaleza y los animales. La restitución de la alianza, termina de llevarse a cabo en las relaciones de justicia con el prójimo (aquí también se ve prefigurado en cierto modo, el mensaje del Nuevo Testamento: amor a Dios, en el amor al prójimo).

En los v 20-22, se anuncia la alianza con la naturaleza, que responde a Yahveh, y la relación de Yahveh con su pueblo y la tierra formarán una comunión perfecta[31].

En los v 21-22, aparece una formula de esponsales, por la bondad divina había nacido el pueblo, y a ella le toca la última palabra. Con respecto a la palabra “desposar”, vemos que este verbo se utiliza en la Biblia, únicamente a propósito de una joven virgen, lo que quiere decir que el pasado adúltero de Israel es anulado, y así se convierte en una criatura nueva. Los dones de Dios en esta nupcias no serán ya bienes materiales, sino más bien la disposición interna necesaria para que Israel pueda ser en adelante fiel a la Alianza  Se expresa claramente en éstos versículos el amor de Dios a su pueblo[32], su misericordia. A su vez ÉL nos pide lo mismo con el prójimo como respuesta al amor de Dios y sumisión a su voluntad. En el amor el hombre puede verdaderamente conocer a Dios[33]. “En efecto, el encuentro entre Dios y su pueblo se concreta, en la vida cotidiana, en las relaciones fraternas a nivel del derecho y la justicia. Así es como se conoce a Dios: en el amor, la fidelidad, el derecho y la justicia.”[34] Cuanto más conocemos a Dios, más reconocemos la idolatría, por eso es tan importante este conocimiento de amor para poder mantenerse fiel a la Alianza.

En los tres últimos versículos, “…se repiten los nombres de los tres hijos evocados en

1, 2-9. Allí se trata de la ruptura, aquí de la reconciliación. La última parte de esta unidad [...] recoge lo que se llama la  fórmula de pertenencia”[35].

V 25,   el amor de Dios transforma y contradice los nombres impuestos al comienzo del libro. En 1Pe 2, 10 se hace uso de estos últimos versículos del capítulo 2 de Oseas, al igual que en Rom 9, 25 es citado por San Pablo, al hablar de la infidelidad y vocación previstas por el Antiguo Testamento, se cita justamente el cambio de nombres (se retoman los nombres dados a los hijos en 1, 2-9, donde se hacía alusión al quiebre de la alianza, mientras que ahora se refiere al perdón y la reconciliación de Dios y su pueblo). La misma llamada que Dios hizo a Israel después de sus infidelidades, se retoma aquí para ser aplicada a las naciones, invitándolas al banquete mesiánico[36].

En este versículo final del capítulo se utilizan fórmulas de pertenencia y comunión  para expresar el vínculo entre Yahveh y su pueblo.

Aquí, como en todo su libro, denuncia el pecado y anuncia el castigo, pero la última palabra es una palabra de salvación, por la concepción de Dios que se encuentra de fondo, que es la de un Dios entrañas de misericordia, que perdona hasta las últimas consecuencias y se dona en un amor durable que permanece.

 

Aplicación

A pesar de que estas palabras se remontan al siglo VIII a.C., poseen gran actualidad en el sentido más profundo del texto.

“El mensaje de Oseas tiene algo de desconcertante. Nuestra lógica religiosa sigue los siguientes pasos: pecado-conversión-perdón. La gran novedad de Oseas, lo que lo sitúa en un plano diferente y lo convierte en precursor del Nuevo Testamento es que invierte el orden: el perdón antecede a la conversión. Dios perdona antes de que el pueblo se convierta, aunque no se haya convertido.”[37]

Puede decirse, al leer este libro, que se trata en cierto modo de lectura histórica, ya que las palabras escritas en él están directamente relacionadas con los sucesos históricos por los que estaban atravesando los israelitas. Sin embardo, podemos descubrir en ellas una relación directa con la situación que hoy estamos atravesando como Iglesia. También en nuestros días “la esposa” se prostituye y escapa con sus amantes de turno.

Lamentablemente en la actualidad asistimos al más triste espectáculo del sincretismo y hasta idolatría que realizamos muchos cristianos, a veces casi sin notar la gravedad del hecho, acudiendo a diversos recursos como meditación oriental, parapsicología, espiritismo, control mental, adivinación, hipnosis, astrología, brujos, curanderos, meditación trascendental, en fin , todas las formas de esoterismo.

Los cristianos a veces, parecemos hacer más caso a los consejos de una astróloga, que a la palabra de Dios en el Evangelio, y buscamos en fuentes vacías lo que sólo podremos hallar en el pozo profundo del Señor.

Detrás de todo esto se oculta la desconfianza en el poder de Dios, en su misericordia y compasión, en su providencia. Tenemos más fe en un amuleto que en el mismo Dios. Ante esta situación parece gritarnos en Os 2, 10: “No había conocido ella que era yo quien le daba el trigo, el mosto y el aceite virgen, ¡la plata yo se la multiplicaba, y el oro lo empleaban en Ba’al!”.

Estos son algunos de los “amantes” de la  actualidad, pero no son los únicos, los hay por doquier, los descubrimos en la búsqueda del placer desordenado, el poder, el dinero, cosas materiales que nos dan falsa seguridad, hasta personas que podemos llegar a idolatrar, la fama, la popularidad, la búsqueda desesperada de reconocimiento, y en general las posturas egocéntricas, totalmente contrarias a la postura Cristocéntrica que debiéramos tener.

Este poema de Oseas interpela al creyente de hoy, por eso debemos aprender a discernir cómo su palabra de fe puede, aún hoy seguir produciendo una experiencia de fe que tenga por testimonio esta relación de Dios y su pueblo (“esposa”)[38].

En realidad es muy fácil pecar de idólatras, como siempre, aún  hoy existe la tentación de tratar de suplantar a Dios por algún ídolo, sea el que sea, incluso nosotros mismos, o simplemente intentar obligarlo a “compartir el altar”.

Lo importante es tener  siempre presente el llamado que Dios no ha dejado de hacernos a través de este mismo texto. Por medio de diversos instrumentos y personas El nos sigue hablando al oído, tratando de reconquistarnos cada día, recordándonos el llamado de nuestra vocación (Os 2, 16).

 

Conclusión

Con su actitud de misericordia Dios no sólo manifiesta su propio ser, sino que nos enseña cómo debemos comportarnos como comunidad.

Dios prefiere amor para con nuestros hermanos y con Él mismo, antes que sacrificios vacíos. Cuántos cristianos vamos cada domingo a misa y cumplimos con cada sacramento, y sin embargo pasamos totalmente indiferentes al lado del hermano que sufre, tanto física como espiritualmente, el que está solo, el que tiene miedo, el que está enfermo. Cuántas veces vivimos más preocupados por nuestra próxima comodidad, sin hacer nada por los que no tienen un techo, un hogar, amor.

La destrucción que causan los ídolos en el alma es tan grande, que no sólo nos hace olvidarnos pronto de Dios (Os 2, 15), sino que además perdemos noción del hermano que está a nuestro lado, de las injusticias a las que nosotros mismos contribuimos no pocas veces con nuestro egoísmo.

A pesar de todo, no debemos olvidar que este texto de Oseas atestigua, no sólo el llamado de atención que nos hace Yahveh, sino también, y sobretodo, la voluntad divina de perdonar más allá de cualquier ofensa, lo cual no quita la necesidad de purificar nuestro corazón y nuestra relación con Él y con toda la comunidad. Oseas presenta uno de los rasgos fundamentales de Dios: un Dios que jamás renuncia a establecer la relación más fuerte que podamos imaginar con su pueblo[39].

También es importante destacar que esta extraordinaria misericordia de Dios conlleva una exigencia de responder en el amor, mediante la consagración plena al Padre en nuestra vida cotidiana.

A pesar de que continuamente nos alejamos de Dios y vamos tras diversas formas de idolatría, lo olvidamos, colocamos en su lugar cualquier otra cosa dándole la importancia que sólo Dios debe tener en todos esos momentos, Él nos está amando y perdonando por todas nuestras infidelidades. Es su amor el que convierte nuestros corazones. Como el padre del hijo pródigo, como el marido que perdona a la esposa adúltera, siempre nos está esperando con los brazos abiertos para contenernos con su amor de entrañas de misericordia.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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  • LÉON-DUFOUR, X., Vocabulario de Teología Bíblica, Herder, Barcelona, 1993.

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[1] ASURMENDI, Jesús M.,  Amós y Oseas, CB 64, Verbo Divino Estella, 1993, p 51.

[2] Cfr. Ibíd., p 51.

[3] Cfr. Ibíd., p 36.

[4] Cfr. SICRE, José Luis, Introducción al Antiguo Testamento… pp 221-222.

[5] Cfr. ALONSO SCHÖKEL, Luis- SICRE DIAZ,  José L.,  Profetas. Comentario. Tomo II, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1980, pp 861-862.

[6] BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclee de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1050.

[7] Cfr. ASURMENDI, Jesús M.,  Amós y Oseas… pp 49-50.

[8] Cfr. Ibíd., p 32.

[9] Cfr. BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclee de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1050.

[10] Cfr. Artículo de Deissler, Alfons en ENCICLOPEDIA TEOLÓGICA Sacramentum Mundi, tomo I. Herder, Barcelona, 1974, p 251.

[11] LÉON-DUFOUR, X., Vocabulario de Teología Bíblica, Herder, Barcelona, 1993, p 403.

[12] Cfr. ALONSO SCHÖKEL, Luis- SICRE DIAZ,  José L.,  Profetas. Comentario… p 268.

[13] ASURMENDI, Jesús M.,  Amós y Oseas… p 33.

[14] Cfr. Ibíd., p33-38.

[15] Tomado de la BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, pp 1300-1302.

[16] ASURMENDI, Jesús M.,  Amós y Oseas… p 36.

[17] Cfr. ROBERT, A.-FEVILLET, A., Introducción a la Biblia. Tomo I, Herder, Barcelona, 1970,  p 457.

[18] Cfr. CARAVÍAS, José Luis, SJ., “Idolatría y Biblia”, Guadalupe-Verbo Divino, Buenos Aires- Estella, 1991, p23.

[19] Cfr. GRELOT, Pierre, Introducción a los Libros Sagrados, Ed. Stella, Buenos Aires, 1965, p 122.

[20] Cfr. LÉON-DUFOUR, X., Vocabulario de Teología Bíblica… pp 296-297.

[21] Cfr. ASURMENDI, Jesús M.,  Amós y Oseas… p 50.

[22] Cfr. GRELOT, Pierre, Introducción a los Libros Sagrados… pp 98-99.

[23] Cfr. ALONSO SCHÖKEL, Luis- SICRE  DIAZ,  José L.,  Profetas. Comentario… p 862.

[24] Cfr. Ibíd., p 875.

[25] Cfr.  Ibíd., p 876.

[26] Cfr. ASURMENDI, Jesús M.,  Amós y Oseas… pp 36-37.

[27] ALONSO  SCHÖKEL, Luis- SICRE DIAZ,  José L.,  Profetas. Comentario… p 874.

[28] Cabe destacar que en Oseas el desierto es tanto un lugar de encuentro entre Yahveh y su pueblo (2, 16), como lugar de prueba y castigo (2,5). Esto aclara el hecho de que es por el sufrimiento y el castigo que somos purificados, educados por Dios, para poder llegar al verdadero encuentro con Él. Cfr. ROBERT, A.-FEVILLET, A., Introducción a la Biblia… p 458.

[29] Ibíd., p 458.

[30] Cfr. ALONSO  SCHÖKEL, Luis- SICRE DIAZ,  José L.,  Profetas. Comentario… pp 862-864.

[31] Cfr. ASURMENDI, Jesús M.,  Amós y Oseas… p 37.

[32] Es importante tener en cuenta que en la gran afinidad existente entre Oseas y Deuteronomio, se percibe como palabra clave “amor”. Cfr. ROBERT, A.-FEVILLET, A., Introducción a la Biblia… p 459.

[33] En Oseas el conocimiento de Dios está relacionado a la palabra “Jésed” aquí en 2, 21-22 y también en 4, 2 y 6,6. Dios se da a conocer ligándose a su pueblo por medio de la alianza, por lo tanto este no es un conocimiento intelectual, sino un conocimiento de amor que se da en la donación de Dios y la respuesta en la fidelidad a la Alianza del hombre. Cfr.  BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p1301-1302.

[34] ASURMENDI, Jesús M.,  Amós y Oseas… p 38.

[35] Ibíd.,  p 38.

[36] Cfr.  BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclee de Brouwer, Bilbao, 1976, p 1624.

[37] ALONSO SCHÖKEL, Luis- SICRE  DIAZ,  José L.,  Profetas. Comentario… p 863.

[38] Cfr. ASURMENDI, Jesús M.,  Amós y Oseas… p 51.

[39] Cfr. Ibíd., p 38.

 

El becerro de oro: ¿buscando otro Dios?

El becerro de oro

El becerro de oro: ¿buscando otro Dios?

El pasaje donde aparece la construcción del becerro de oro se encuentra en el capítulo 32 del libro del Éxodo en el Antiguo Testamento. El relato de este episodio es un tanto confuso por el hecho de que se encuentran en él una mezcla de diversas fuentes. Con excepción del  final del capítulo 34, los textos son en general antiguos, es decir, de la primera mitad de la época monárquica. Son alternativamente, yahvista y elohísta,  percibiéndose con bastante frecuencia la mano de un redactor ulterior[1].

 

 

 

Ex 32, 1-6[2] (Fragmento básico del hecho)

1  cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, se reunió el pueblo en torno a Aarón y le dijeron: “Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, ya que no sabemos que ha sido de Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto.”

2  Aarón les respondió: “Quitad los pendientes de oro de las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y  vuestras hijas, y traédmelos.”

3  Y todo el pueblo se quitó los pendientes de oro que llevaba en las orejas, y los entregó a Aarón.

4  Los tomó él de sus manos, hizo un molde y fundió un becerro. Entonces ellos exclamaron: “Este es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto.”

5 Viendo esto Aarón, erigió un altar ante el becerro y anunció: “Mañana habrá fiesta en honor de Yahveh.”

6 Al día siguiente se levantaron de madrugada y ofrecieron holocaustos y presentaron sacrificios de comunión. Luego se sentó el pueblo a comer y beber, y después se levantaron para solazarse.

 

 

Aunque todo el hecho aparente ser un intento de hacerse otro Dios, en realidad no lo fue. Se trató más bien de construir la sede o símbolo de la presencia de Yahveh en medio del pueblo.

Por algunos momentos el lenguaje que se utiliza es politeísta: Moisés permanece una prolongada estancia, simbolizada por el número de “cuarenta días”, en la montaña recibiendo las tablas de Dios. Durante estos días en que Moisés permanece sólo y separado de su pueblo, éste se reúne para pedir a Aarón: “Haznos un  dios que vaya delante de nosotros” (v. 1). “Su demanda es símbolo de de la aspiración, humana y natural a hacerse una imagen de la divinidad con la que uno está ligado, y a la que el individuo quiere ver con sus propios ojos”[3]. Pero luego se habla de una “fiesta en honor a Yahveh” (v. 5). Quizás el sentido primitivo del relato es un culto rendido a Yahveh de manera ilegítima. Más tarde, la indignación de los redactores, habría agravado la falta, presentándola como un culto a falsos dioses.

La intervención de Moisés presenta una serie de duplicados: Moisés es avisado sucesivamente por Yahveh (v. 8 ) y por Josué (v. 17), intercede dos veces ante el Señor (11-13 y 31-32) y ejecuta dos castigos diferentes (19-20 y 25-28), separados por un interrogatorio de Aarón, el cual es bastante ambiguo. La descripción del pecado de Israel, que estaba en el comienzo de la sección, se encuentra aquí en un lugar central.

También hay dos relatos del castigo muy diferentes, el primero mediante la ruptura de las dos tablas (ruptura de la Alianza), el segundo por medio de un castigo cruel: la purificación del pueblo a través de la muerte de algunos miembros. Finalmente dos relatos de intercesión[4].

La historia del becerro de oro pondrá en peligro todo el camino de la Alianza que Dios mismo había comenzado al liberar a su pueblo.

“Los israelitas exigen una presencia, pero también  (y, por cierto, primordialmente) un guía”[5]. Al estar Moisés ausente no habrá nadie capaz de oír o ver las señales de Dios. El pueblo se inquieta porque no quiere fiarse de indicios accidentales. Tienen la necesidad de mantener su fe con alguna garantía o intermediario sensible (no tienen confianza ciega). Si hacen una imagen de Yahveh, lo tendrán siempre delante de ellos y sentirán seguridad.

El problema reside principalmente en: ver o creer, exigir la evidencia o contentarse con la certeza, asegurarse o arriesgarse, tomar apoyo en la naturaleza o dejarse guiar por la historia; en fin, “hacerse” y “tener” un Dios para uso particular con el cual hacer lo que uno quiera aparentando seguirle, u ofrecerse en la fe poniéndose a disposición de Él. Aarón se pone del lado del pueblo y accede a su petición ayudado por ellos mismos.

No habría en esto apostasía, ya que lo que ellos dicen es que la imagen representa a Yahveh. La infidelidad consistiría en la desobediencia a la prohibición de hacer imágenes talladas de Dios. Sin embargo, hay mucha ambigüedad en estos versículos, (a veces la afirmación no parece rigurosamente monoteísta). El llamamiento que hace Moisés en el v. 26, supone que no todos estaban de parte de Yahveh. (Es muy probable que no todos fueran del mismo parecer, pero al predominar la influencia de los cabecillas, los prudentes tuvieron que callarse)[6].

Principalmente se trata de una infidelidad dentro de la única fe en Yahveh, que hacía tender  al pueblo hacia la idolatría. “La idolatría tiene en el A.T. dos sentidos diferentes: uno que se puede dar en el culto al Dios verdadero, y otro que se refiere al culto a los demás dioses”[7]. El primer caso sería justamente el de los ídolos yahvistas, y entre estos se encuentra el caso del becerro de oro. Éste no es presentado como otro Dios. Tampoco se trata únicamente de querer materializar a Dios, el problema está en que los israelitas quieren también liberarse del papel que desempeñaba Moisés. En este rechazo a Moisés, en el fondo, el pueblo está rechazando el proyecto de Dios para liberarlos. Al desconfiar de Moisés (ya que esta desaparecido), están negando la posibilidad de llevar a cabo el plan de Dios. Quieren un Dios que consuela en la esclavitud y no un Dios que libera realmente, ya que esto requiere una respuesta y un compromiso de parte de ellos. En el fondo es un pecado en contra del poder de Dios. Es un pecado de idolatría negar que Dios pueda realizar la liberación que promete, dudarlo es negar su proyecto y, por ende, negarlo a Él.

Dios es trascendente, actúa más allá de toda posibilidad humana, es siempre el Dios de la esperanza contra toda esperanza. El becerro de oro es en cambio, el pecado de la desesperación, de la desconfianza. Es símbolo  del dios manipulado, hecho a la medida de los hombres sin esperanza.

La estatuilla es destruida por el fuego, y lo que queda de ella es arrojado a un torrente, al que concurrirán los hebreos por agua, de suerte que se beberán su propio pecado y condenación.

En el fondo, el “gran pecado” es en conjunto, la fabricación del becerro de oro,  la generalización de la idolatría entre los hebreos, y la división que los ha alzado a unos contra otros.

En el pecado contra la trascendencia de Dios, están negando su fe en el Dios liberador. Transformando al Dios trascendente en un Dios cautivo, legitimador de situaciones que el hombre sin esperanza declara imposibles de cambiar.

El pueblo desconfía e intenta manejar a Dios, intenta poseerlo, porque están inseguros de su presencia en la ausencia de Moisés. Rechazar la posibilidad de que el proyecto de Dios se realice, en un acto idólatra[8].

Lo que está en discusión es la concepción que se tiene de Dios. ¿Se hacen un Dios a su idea, para hacer con Él lo que quieran? ¿O se le reconoce como el totalmente otro, inaferrable, que se revela sólo según su beneplácito? Pero Yahveh sigue siendo aquél a quien no es posible manejar.

A Dios no se le puede encerrar en una imagen, ni siquiera en una idea. Todo lo que podamos decir o pensar sobre Él, no es más que un mero balbuceo. Dios se niega a ser encerrado en una imagen, ya sea física o intelectual. Sólo podemos acercarnos a Él a través de su propia Palabra y ésta se expresa en el mismo Jesucristo.

La prohibición de imágenes está dirigida a acabar con la tentación continua de querer manipular a Dios, intentar manejar a Dios y formarlo al gusto propio del pueblo.

El pecado está en su falta de fe en el ser y el poder de Dios[9]. Este Dios que para liberarlos, los hace responsables de esta libertad y no los lleva por un camino fácil y pasivo, sino que exige su cooperación.

El becerro de oro es un rechazo a la voluntad de Dios, en cambio Moisés apela justamente  a la voluntad salvífica de Dios en la historia, en su oración ante Yahveh (Ex 32, 11-14)[10].

 

 

 

Bibliografía:

 

  • AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”, Estudio sobre el libro del Éxodo, Fax, Madrid, 1966 p 345-357;
  • BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p 105-106.
  • CARAVÍAS, José Luis, SJ., “Idolatría y Biblia”, Guadalupe-Verbo Divino, Buenos Aires- Estella, 1991 p 23-24.
  • WIÉNER, Claude, “El libro del Éxodo”, CB 54, Verbo Divino, Estella, 1988,   p 43-45.

 

 

 

 


[1]Cfr. AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”, Estudio sobre el libro del Éxodo, Fax, Madrid, 1966, p 346. Siguiendo la hipótesis documentaria que indica que el Pentateuco (al que pertenecen los libros de Génesis, Éxodo, levítico, Números y Deuteronomio) de diferentes tradiciones, entre ellas, la Yahvista y la Elohísta. Llamadas así estas últimas por el nombre que emplean para referirse a Dios: ya sea Yahveh, la primera, o Elohím, la segunda. Cfr., SICRE, José Luis, Introducción al Antiguo Testamento, Editorial Verbo Divino, España, 1992, pp. 85-89.

[2] Tomado de la BIBLIA DE JERUSALEN,  Desclée de Brouwer, Bilbao, 1976, p105.

[3]AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”, Estudio sobre el libro del Éxodo, Fax, Madrid, 1966 p347.

[4] Cfr. WIÉNER, Claude, “El libro del Éxodo”, CB 54, Verbo Divino, Estella, 1988,   p 44.

[5] AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”…  p348.

[6] Cfr. Ibíd., p 348-351.

[7] CARAVÍAS, José Luis, SJ., “Idolatría y Biblia”, Guadalupe-Verbo Divino, Buenos Aires- Estella, 1991, p 23.

[8] Cfr. Ibíd., p 24-25.

[9] Cfr. Ibíd., p 25.

[10] Cfr. AUZOU, Georges,  “De la servidumbre al servicio”, Estudio sobre el libro del Éxodo, Fax, Madrid, 1966, p351-352.