Mujeres en el Concilio Vaticano II y el Sínodo para la Amazonía

¿Qué representó la inclusión de mujeres como auditoras en el Concilio Vaticano II? ¿Qué consecuencias podemos leer hoy para la vida de la Iglesia?

La importante aunque tímida y tardía invitación a la presencia de mujeres en el Concilio Vaticano II se presentó tanto como un fruto de movimientos de renovación eclesial que venían dándose décadas antes del miso, como un puntapié inicial para un cambio de dimensiones ejemplares para la Iglesia: el paso de las mujeres de dejar de ser “un tema”, para pasar a ser reconocidas y consideradas en su verdadero status dentro de la comunidad eclesial.

Creo que aún no somos del todo conscientes en la Iglesia del cambio de paradigma que este paso requiere. Aun vivimos en una estructura eclesial jerarcológica donde la igual dignidad bautismal de todos los miembros de la comunidad no es plenamente reconocida más allá de los discursos eclesiales, en la conformación y especialmente en un cambio profundo, en una verdadera conversión de mentalidades en la Iglesia.

Es por ello que instancias como el seminario que se va a dar en Caracas el próximo noviembre (titulado: Reforma de estructuras y conversión de mentalidades en la Iglesia hoy) son tan importantes. Más de cincuenta años después del Concilio una eclesiología inclusiva sigue siendo un reclamo que tiene respuestas pendientes por parte de la Iglesia institución y se halla directamente relacionado con la crisis que está pasando hoy.

Estas mujeres auditoras en el concilio hicieron historia y plantaron bases para el futuro de la Iglesia que son un extraordinario testimonio y que aún hoy no han dado todavía todo su fruto. Es muy importante recordarlas y el trabajo que hicieron para la posteridad eclesial. El actual movimiento de “Voices of Faith”, pidiendo por el derecho a voto de las mujeres en el próximo Sínodo para la Amazonía, puede leerse hoy como una consecuencia y prolongación, como un hecho que evidencia un pedido de recepción concreta de esa inicial participación en el Concilio Vaticano II. Aún estamos en camino de confirmar y discernir los frutos del concilio para el bien de la Iglesia. Como comenta Sandra Arenas parafraseando al Papa: “los historiadores afirman que un concilio necesita un siglo para que la Iglesia lo reciba bien, estamos a mitad de camino”. Pero el palpitar del tiempo actual parece pedirnos como Iglesia mucho más, y la importancia de todo el Pueblo de Dios en el proceso de recepción no puede olvidarse.