¿Quién fue Judas Iscariote?

Caravaggio. El beso de judas

¿Conocemos a Judas Iscariote? El nombre de Judas es conocido en la historia como sinónimo de traidor y ha causado a lo largo de la misma tanto desprecio como admiración, quizás por el temor a sufrir su mismo destino. A partir del descubrimiento de un manuscrito gnóstico titulado el evangelio de Judas (datado alrededor del siglo II d.C.), bajo circunstancias bastante oscuras, comenzaron a aventurarse hipótesis de que la Iglesia habría falsificado la figura de Judas, y su nombre fue nuevamente puesto en el tapete. El mencionado evangelio de Judas, por su parte, es tan difícil de traducir como de interpretar.

Comencemos por acercarnos a Judas analizando lo que los evangelios sinópticos dicen sobre él. En ellos parece muy sugestivo que Judas sólo aparece al comienzo y en la última cena. No se lo menciona durante la vida pública y prédica de Jesús. Y desde la primera mención es designado traidor o entregador de Jesús.

Sabemos que fue elegido por el propio Jesús, para formar parte de su círculo de amigos más intimo. Y podemos suponer que, aunque estos tres evangelios no lo mencionan, acompañó a Jesús durante su vida pública al igual que el resto de los apóstoles. Por lo tanto, escuchó sus enseñanzas, presenció sus milagros.

En la lista de los Doce, antes que Judas, es mencionado en los tres evangelios Simón, a veces denominado el cananeo o el zelota (Mt 10,4; Mc 3,18s; Lc 6,15s). Los Zelotas eran un grupo revolucionario que buscaba liberarse de los romanos, eran una especie de movimiento guerrillero. Simón, uno de los Doce, parece haber formado parte de este movimiento si era conocido con ese nombre. Él junto a Judas Iscariote son los dos personajes un tanto problemáticos, y aparecen citados al final de la lista.

En cuanto a la entrega de Jesús el texto de Marcos es el más simple y no da las razones por las que Judas decide entregar a su maestro (Mc 14,10-11). En el texto de Mateo se acentúa el tema del dinero: Judas entrega a Jesús por interés por la plata (Mt 26,14-16). El texto de Lucas da un paso más realizando una elaboración teológica: el demonio lo poseyó (Lc 22, 3-6). No fue complicado consumar la traición, pues el Sanedrín, formado por la clase sacerdotal de los saduceos, tenía la mirada puesta en Jesús a causa de la amenaza que representaba para la purificación del templo.

En la designación del traidor (Mt 26,21-25; Mc14,18-21; Lc 22,21-23), nos llega una pregunta a la mente: ¿podía saber Jesús que uno de ellos lo iba a traicionar? ¿Incluso saber cuál? Sin embargo lo que busca el texto no es responder a estas preguntas, sino subrayar la soberanía de Jesús que sabe y va decidido a su muerte. Pero ¿por qué traicionó Judas a Jesús? El evangelio de Lucas, como ya hemos visto, nos dirá que fue llevado por Satanás (Lc 22,3).

En el momento de la traición Jesús es el que conoce las cosas. Sabe de antemano que están viniendo[1]. Y con un beso Judas identifica a Jesús para ser apresado. Luego del beso con el cual Judas lo entrega, Jesús lo confronta llamándolo “Amigo, ¿para qué has venido?” (Mt 26,50). En Marcos no se dice nada de la reacción de Jesús (Mc 14,4147), y Lucas lo presenta preguntando: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (Lc 22,48).

Al relatar el final de Judas, Lucas, en el libro de los Hechos (Hch 1,16-20), al igual que Mateo (Mt 27, 3-10), quiere mostrar cómo se cumple la Escritura. En ambos relatos el traidor es castigado con una muerte horrorosa, y en ambos casos significa el cumplimiento de las Escrituras[2]. Son dos muertes “fabricadas” a partir de la Escritura. Los presupuestos de los dos son bíblicos, no históricos. También Papías de Hierápolis[3] escribió una leyenda negra sobre el final de Judas, siendo ésta la versión más cruda[4]. No sabemos cómo murió Judas, lo más seguro es que se haya separado de los Doce, pues tuvieron que elegir a Matías, como figura en los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 21-26).

El evangelio de Juan es el más sobrio a la hora de contar la historia. En el cuarto evangelio no hay una lista de los Doce como en los sinópticos, pero en el capítulo 6 aparece al final del discurso del pan de vida (6,28-59), que un grupo se aleja de él (6,60-65). “Pero hay entre vosotros algunos que no creen”. Porque Jesús sabía desde el principio quienes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar (6,64). Luego de la confesión de fe de Pedro que sigue a esta escena, dice Jesús: “¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es un diablo” (6,66-71). Podemos ver que hasta aquí, Judas aparece no actuando, sino en boca de Jesús. Pero en Jn 12,5, Judas actúa, se escandaliza ante el derroche de un perfume por una mujer en los pies de Jesús, y se dice que era un ladrón. Aparece como persona interesada por el dinero y de poco valor moral.

En Jn 13,21, en la escena de la última cena, Jesús mismo señala al traidor, “uno de vosotros me entregará”. En Jn 13,30: Jesús le dice al discípulo amado que Judas es el traidor y Judas se levanta y se va, “era de noche”, aclara el evangelista para dejar en claro que judas abandona el recinto donde estaba la luz y se va a la oscuridad. El Judas de Juan, al igual que el de Mateo, tiene interés por el dinero, pero aparece desde el principio como un diablo. Finalmente en Jn 18,1s, una cohorte de 600 soldados se presenta para arrestar a Jesús, pero la escena del beso no aparece, ni se menciona el final de Judas.

Ya en el mundo antiguo la figura de judas llamó la atención de muchos y se generaron leyendas a cerca de él, como ya hemos visto. En el siglo II Ireneo de Lyon[5] cita al mencionado Evangelio de Judas Iscariote (aprox. a.180). Posiblemente tenía sólo un resumen, pero sabía que existía. En 1975 se encuentra, en un códice con otros textos, el del evangelio de Judas, en unas cuevas cercanas a la orilla del Nilo, en un lugar llamado Al minya. Cerca de este lugar, más al sur, en el siglo IV había un pequeño convento de monjes gnósticos. Los de Al minya pertenecían a ese grupo. El evangelio de Judas es un texto gnóstico en copto (lenguaje que en la antigüedad se hablaba en Egipto).

Fueron unos beduinos quienes lo encontraron, y por 25 años fue vendido numerosas veces, pasando de mano en mano, deteriorándose mucho. Finalmente una suizo-egipcia de apellido Tchakos logró comprarlo y en el 2002 se lo entregó a un experto coptólogo para que lo traduzca. Durante 5 años trabajaron junto con restauradores y lograron una traducción del texto. En el año 2007 se publica con un enorme aparato de publicidad por la National Geographic Society. El texto es una visión gnóstica de la figura de judas. No es fácil de entender por la tradición y el idioma en el que está escrito, el cual es muy complicado. Se puede datar entre el 50-170d.C.[6].

Gnosis en griego significa conocimiento. Es un término que se aplica a un movimiento que parte de una visión negativa del mundo, Dios y los hombres. El mundo es malo y hay que liberarse de él. Plantea un dualismo de dios malo (material) y uno bueno (espíritu).

En este texto gnóstico, se puede percibir de fondo la concepción bipartita del pensamiento gnóstico y Judas aparece como el decimotercer discípulo, es decir, el verdadero discípulo, pues Jesús les dice a los Doce: “ustedes no me conocen”. Judas sería, dentro de la interpretación teológico-gnóstica, el instrumento del dios gnóstico y aparece como el revelador de Jesús, como el instrumento del Dios supremo liberando a Jesús de su ropaje corporal al entregarlo (pues los gnósticos diferencian entre el Jesús -de ropaje humano, no admiten la verdadera humanidad de Jesús: él se reviste de un ropaje humano- y el Cristo).

El texto del Evangelio de Judas no aporta nada nuevo sobre la verdad histórica de Judas, sino una interpretación teológica de su figura. La importancia de este texto (centrado casi exclusivamente en una crítica terrible a la gran Iglesia) radica en ser instrumento para el estudio de la gnosis.

Para intentar una aproximación histórica a Judas, podemos intentar buscar respuesta a ciertas preguntas sobre él: ¿Quién es Judas? ¿De dónde viene? ¿Por qué la traición? Como hemos visto en el Nuevo Testamento Judas aparece en todos los evangelios y Hechos como un traidor, como instrumento del diablo (Lc y Jn), también como instrumento de Dios -pues se cumple la Escritura por medio de Judas-, como ladrón (Jn), y como traidor arrepentido (Mt). Por lo tanto podemos tomar como base histórica acerca de Judas, que estuvo dentro del grupo de los Doce, y que es quién entregó a Jesús.

El nombre Iscariote puede derivar de sicarius (sica: palabra latina que significa cuchillo corto). Los sicarios eran activistas urbanos dentro del grupo de los zelotas. Siempre usaban un puñal corto, de allí el nombre. El nombre de Iscariote nos lleva a preguntarnos si Judas era un sicario del grupo de los zelotes, además de que en la lista de los Doce, aparece citado después de Simón el zelota (Lc 6,15).

Luego de la confesión de fe de Pedro “Tú eres el Cristo” (Mc 8,29), Jesús anuncia su sufrimiento a lo que Pedro replica y Jesús le dice: “¡Quítate de mi vista Satanás! Porque tus pensamientos no son los Dios, sino los de los hombres” (Mc 8,31-33). La concepción mesiánica de Pedro es la típica judía, con ideas de un mesianismo más político. Ellos esperaban un Mesías triunfador que los liberara del imperio romano. Pero Jesús no encaja en esa concepción mesiánica. Siguiendo esto, podemos pensar que la reacción de Judas no está aislada, pues puede haber pertenecido a la misma decepción de ese grupo al no ver a Jesús cumpliendo el mesianismo esperado por ellos. Esto sería plausible, históricamente hablando. Es importante para saber quién es Judas el entenderlo dentro del grupo de los Doce. Cuando Jesús es arrestado, sus discípulos se asustan y se esconden. Pedro lo niega tres veces. Se marca una distancia entre ellos y Jesús. En ese papel activo de rechazo hacia Jesús, Judas acentúa la distancia.

Ante este hecho nos cuesta entender el misterio de este hombre, ¿Por qué traicionar a su amigo y maestro? Podemos suponer que fue la codicia, como deja entrever el evangelio de san Juan, o por sentirse defraudado al no ver cumplirse el mesianismo político que quizás esperaba. El mayor misterio de Judas es posiblemente, que viviendo al lado de Jesús como su amigo y discípulo, no logró purificar su fe. Pero lo más importante es que el misterio de Judas es quizás nuestro también, porque es el misterio de mezquindad y debilidad humana de la cual todos podemos ser presa.

Jesús nos muestra la otra cara de esta situación. No sólo le advierte tiempo antes, tanto a Judas como a los otros, incluido Pedro, para que estén atentos a la tentación, sino que también, en un acto de humillación profunda “Se levantó mientras cenaba, echó agua en un recipiente y empezó a lavarles los pies a sus discípulos” (Jn 13, 4s) – y sabemos que Judas estaba entre ellos-. Y hasta el final, cuando Judas lo besa para entregarlo, Jesús lo considera amigo (Mt 26,40).

Jesús siempre está buscando salvarlo, y al reflexionar sobre Judas debemos recordar que siempre está buscando salvarnos a nosotros también. ¿Y cuántas veces hemos actuado como Judas? ¿Cuántas veces, lo hemos dejado solo, hemos antepuesto ambición y egoísmos al amor que Él nos ofrece? Y en nuestros hermanos, ¿acaso nunca lo hemos traicionado, negado, mirado hacia otro lado? Judas se equivocó, como tantos otros. Lo importante es saber volver a Jesús y, en lugar de sumergirnos en el remordimiento y la culpa sin fin, ser capaces de buscar su misericordia.

Sí, conocemos a Judas, porque él es la tentación que todos vivimos de abandonar a Cristo, porque no cumple nuestras expectativas mezquinas, porque no encaja en nuestro pequeño intelecto, que busca comprender el Misterio, cuando debe abrirse y abrazarlo en la gracia. El Nuevo Testamento no pretende ensañarse con la figura de Judas. Nos habla del amor de Dios por los hombres y nos muestra que Dios es el que triunfa, más allá de todas las traiciones y debilidades humanas.


[1] Sabemos que la primera comunidad cristiana jamás hubiera inventado que uno de sus más allegados lo entregaría.

[2] Por lo tanto el relato no tiene pretensión histórica.

[3] Fue uno de los Padres Apostólicos de la Iglesia católica, canonizado como santo. (h. 69 – h. 150). Fue contemporáneo de Policarpo, Justino Mártir y Marción. Nos explica Eusebio de Cesarea que Papías fue obispo de Hierápolis, en Frigia (Asia Menor) y San Ireneo de Lyon nos dice que fue «oyente de Juan, compañero de Policarpo de Esmirna, varón antiguo». Según parece, murió en el año 150.

[4] Apolinario. «Judas no murió ahorcado, sino que vivió, pues fue cortada la cuerda antes que quedara asfixiado. Y los Hechos de los Apóstoles muestran esto, que cayó de cabeza y se abrió por la mitad, y salieron todas sus entrañas. Este hecho lo refiere más claramente Papías, el discípulo de Juan, en el cuarto (libro) de su Exposición de las Palabras del Señor, como sigue: Judas anduvo por este mundo como un ejemplo terrible de impiedad; su carne hinchada hasta tal extremo que, donde un carro podía pasar sin estrechez, él no podía pasar, ni aun la masa de su cabeza meramente. Dicen que sus párpados se hincharon hasta el punto que no podía ver la luz en absoluto, en tanto que sus ojos no eran visibles ni aun para un médico que mirara con un instrumento; tanto se habían hundido en la superficie… ». Sus partes vergonzosas dicen que aparecían más repugnantes y mayores que cuanto hay de indecoroso y que echaba por ellas de todo su cuerpo pus y gusanos para escarnio sobre los propios excrementos. Y después de muchos tormentos y castigos, murió -dicen- en un lugar de su propiedad, que quedó desierto y despoblado hasta el presente a causa del mal olor. Es más, hasta el día de hoy no se puede pasar cerca de aquel lugar si no se tapa las narices con las manos. Tan enorme fue la putrefacción que se derramó de su carne sobre la tierra.  XVIII. Compilado de Cramer, Catena ad Acta SS. Apost. (1838) p. 12 ss., y otras fuentes

[5] Ciudad lejana dentro del imperio Romano que lindaba casi con la frontera galia con los bárbaros.

[6] Su origen es probablemente en el siglo II, en griego, pero el documento escrito encontrado en Egipto es del siglo IV, en copto.

 

 

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